2011. Un año difícil de gestionar

Ya hace 3 años que la crisis económica viene coleando. Recuerdo que los expertos pronosticaban que veríamos la luz en 2011… No sólo fallaron en sus predicciones sino que ahora nadie se atreve a vaticinar ni el final ni los tempos. Es completamente aventurado decir años a la tún-tún: 2014, 2015…  Porque, en definitiva, ya nada volverá a ser como antes. La globalización ya no es un concepto sino una realidad. Todo ha cambiado: los ciudadanos, los consumidores, los países emergentes, la fe, las exigencias de libertad, la tecnología… El crecimiento social y empresarial será distinto al que hemos visto hasta ahora. Así pues, ¿cómo se debe actuar?, ¿qué políticas debemos poner en marcha?. La gran dificultad con la que nos enfrentamos es que nos hemos quedado sin referentes históricos.

Pero el momento presente nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre cómo gestionar las dificultades del cambio. Aunque nos hayamos quedado sin referentes históricos siempre nos quedarán los antropológicos. Busquemos en nosotros mismos y encontraremos gran parte de las respuestas que tanto anhelamos (algunos). Creo que deberemos prestar mayor atención a las respuestas que ofrece el mundo académico y científico. Mantiene una objetividad y una pureza de pensamiento que nos serán útiles. A diferencia de lo que piensan muchos, yo no creo que la economía deba ocupar ese lugar tan predominante que le hemos otorgado. La economía es parte de la solución pero no es el centro del discurso. Sin duda, la psicología social puede ofrecer alguna respuesta a este momento sin referentes porque la persona es el centro de sus teorías y metodologías, y no la abstracción del mercado.

Y es que las respuestas ya las tenemos. De hecho, las tienen algunos científicos sociales y las repiten con saciedad: ya no hay una sola verdad económica, social, cultural, religiosa. Hay muchas. Se acabaron los tiempos en que unos cuantos ciudadanos, unas cuantas empresas, unos cuantos grupos políticos o iglesias, unas cuantas escuelas de negocio… imponían sus criterios, sus productos, sus ideas, sus valores. Si todo va bien, en 2050 seremos 9.000 millones de habitantes. Es obvio que las cosas serán distintas. Deberemos sustituir términos habituales del pasado como ayuda, solidaridad, negocio inclusivo, por otros como igualdad, diversidad o consenso. Creo que se equivoca quién piense exclusivamente en términos económicos. Estamos hablando de felicidad, de tierra, de ecología, de relaciones humanas. También de economía y bienestar, claro, pero no de manera preferente.

Si de algo puede servirnos este difícil 2011, sin duda, es para iniciar la senda del cambio, sin esperar a que el cambio provenga de la ley o la costumbre. Reinventemos nuestro futuro. No está escrito.


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