Un apunte sobre Cataluña, una nación sin Estado

Me encuentro en Santiago de Chile, a 12.000 kilómetros de Barcelona, enfrascado en seminarios y conferencias sobre comunicación. El cansancio y la nostalgia me invitan a compartir un apunte sobre mi tierra, Cataluña, una nación sin Estado.

La historia se inicia entre los año 886 y 897, cuando Guifredo el Velloso, un personaje real aunque adornado con historias épicas, se desliga de los reyes francos y da origen a la casa condal de Barcelona. A su muerte, en el año 897, fue el primer conde que traspasó hereditariamente sus posesiones a la Marca Hispánica que había sido creada por el imperio Carolingio a manera de frontera que delimitaba los territorios dominados por cristianos o musulmanes.

El linaje de Guifredo el Velloso fue el embrión de la corona catalano-aragonesa, al unir su destino al reino aragonés en virtud de los problemas dinásticos que sufría esta monarquía. Fue Alfonso II, hijo de Ramón Berenguer IV de Aragón y Petronila, quién asumió todos los títulos y la dignidad real en 1164, tras la muerte de su padre y la abdicación de su madre. De hecho, con él comienza lo que en la historiografía se define como corona de Aragón, la unión del reino y la casa condal de Barcelona.

La democracia no nace en Cataluña pero es parte importante de su nacimiento (se tiene noticia de una Parlamento bicameral en Islandia en el s.X y Cortes Medievales en Castilla y León en el s.XI). Signos claros de la cultura y la política de Cataluña son el primer documento en catalán de Greuges de Caboet en 1095; la constitución de las primeras Cortes Catalanas, la Asamblea de Pau i Treba, en 1192; la Constitució Catalana en 1283; el primer Tratado Maritimo, Principatus Cathaloniae, año 1260 a 1350; el Atlas Catalán, en 1375.

Con los reyes catalanes, la corona prosperó y se expandió de manera que sus territorios abrazaban Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña y Nápoles. La corona de Aragón se convirtió así en un imperio militar y comercial en el Mediterráneo de importancia vital. Especial preeminencia en este devenir tuvo el rey Jaime I el Conquistador, ejemplo del crecimiento del poder y desarrollo de la corona en detrimento de los reinos árabes. Es remarcable que los nuevos territorios agregados, como Valencia, mantuvieron fueros propios. La casa de Barcelona se extinguió con la muerte de Martín el Humano, en 1410, y pasó el cetro a la dinastía Trastámara en la persona de Fernando. Su matrimonio con la reina Isabel dio como resultado la unión de los reinos de Aragón y Castilla.

Después de los Reyes Católicos, la dinastía de los Austrias mantuvo una relación compleja con el Principado de Cataluña. Aunque se respetaron instituciones propias, las diferencias con la corona eran graves debido a los recursos reclamados por los monarcas para sus empresas militares. Las desavenencias tuvieron su máxima expresión en 1640, en el marco de la guerra europea de los Treinta Años, cuando la guerra de los Segadores enfrentó a franceses y castellanos en tierra catalana. La conflagración acabó con la paz de los Pirineos, por la que El Rosellón y parte de La Cerdaña pasaban a ser franceses y se separaban de Cataluña.

Tras la muerte de Carlos II sin descendencia, Felipe V, de la dinastía borbónica, ocupó el trono de España. En 1701 juró las Constituciones, pero la existencia de otro pretendiente, Carlos de Austria, desembocó en la guerra de Sucesión. Cataluña tomó partido por los austriacistas, pero en 1714 se produjo la caída de Barcelona y las ciudades que no apoyaron a los Borbones fueron tratadas duramente. En 1716, el decreto de Nueva Planta abolió las instituciones propias, no así el derecho civil catalán.

Durante las guerras napoleónicas, Cataluña fue temporalmente segregada por Bonaparte. En el último tercio del siglo XIX se produjo un gran resurgimiento del catalanismo en todos los aspectos. En política, el resultado fue la Mancomunidad, la unión de las diputaciones como institución que representaba a Cataluña. Su existencia fue corta, ya que en el año 1923 fue abolida por la dictadura de Primo de Rivera. La situación cambió radicalmente con la República y en 1932 fue restaurada la Generalitat y se aprobó el Estatuto de Autonomía. La guerra civil de 1936-1939 y la victoria franquista comportaron una larga dictadura, en la cual fueron proscritos los signos de identidad y las instituciones catalanas. La democracia trajo de nuevo la Generalitat, restablecida en 1977 con Josep Tarradellas como presidente. Dos años después, Cataluña tenía de nuevo un Estatuto de Autonomía. La vigencia del Estatuto coincidió con una de las épocas de mayor desarrollo económico y social de Cataluña (1977-2005), y 25 años después, en 2006, un nuevo Estatuto fue aprobado por el pueblo catalán en referéndum.

Ser catalán en el siglo XXI no es fácil. Todos hablan de globalización. Y con la que está cayendo, hablar de sentimientos no es prioritario. Es algo que no se puede expresar con palabras. Uno de nuestros grandes embajadores fue Pau Casals. En 1970 recibió el encargo de componer un himno que representara a la ONU. El himno fue interpretado por primera vez el 24 de octubre de 1971 ante la Asamblea de Naciones Unidas, bajo la propia dirección de Casals, que tenía 94 años. Al finalizar el estreno mundial de su composición, tuvo la oportunidad de hablar en inglés ante tan ilustre audiencia. El emocionante discurso representa el sentimiento milenario del pueblo catalán. Pau Casals habla de paz, habla de amor, habla de Cataluña con orgullo.

Gran parte de los datos históricos comentados están disponibles en la web oficial de la Generalitat de Catalunya.

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