Archive for septiembre, 2011

septiembre 29th, 2011

Futuro incierto de la Investigación en la Universidad

Vienen tiempos muy duros para la investigación en la Universidad. Sobre todo para las Ciencias Sociales y las Humanidades, es decir, para aquellas áreas en las que no trabajamos con tubos y probetas sino con opiniones, estadísticas, tendencias o crónicas históricas.

Seamos realistas: buena parte de la Investigación Básica en ciencias sociales tiene escaso valor. Y hay miles de líneas de investigación distintas. Si el departamento de una Universidad tiene 200 investigadores, seguro que cuenta con 180 líneas de investigación, quizás producto de sus Tesis Doctorales. No es sostenible. Y en el mejor de los casos, el resultado final de dichas investigaciones dará pié a un titular en la prensa o a volátiles frases en Twitter. Posiblemente este desaguisado tiene su origen en la alocada carrera por la “acreditación del currículum” a la que se ven abocados los investigadores en España. Y también a nuestra habitual miopía: pocos quieren ser “cola de león” de proyectos relevantes. Muchas “cabezas de ratón” tiene la Universidad española.

Deberíamos emprender algunas acciones dada la necesidad del cambio:

  • Renunciar a seguir investigando temas menores no competitivos. No hay dinero público para que cada uno siga protagonizando su propia película, salvo que queramos mantener el “café para todos” con ridículas ayudas de 10.000 euros para proyectos trianuales de 15 investigadores (!!).
  • Investigar sobre temas estratégicos seleccionados por la Universidad. Incluso, en algunos casos, debería ser la empresa privada la que establezca los objetivos de una Investigación Aplicada de calidad. Y si son temas alejados al investigador, pues “a reciclarse toca…” La investigación debe responder a objetivos colectivos de interés científico y social.
  • Los grupos de investigación deben ser pocos, grandes, potentes e interuniversitarios, aunque estructurados internamente en subgrupos. Las Administraciones Públicas deben crear nuevas categorías intermedias además de la de IP (Investigador Principal) para motivar a sus miembros. Un formato organizativo adecuado podría ser el del Clúster, que permite la unión de investigadores de diversas universidades en pro de la eficacia de objetivos competitivos.

La Investigación en biomedicina, ingeniería y tantas otras áreas del saber científico-técnico ya dieron el paso hace tiempo. Y aunque cuentan con pocos recursos públicos, tienen las ideas claras y el camino marcado.

¿Para cuándo el cambio de paradigma de los investigadores en comunicación, derecho, economía, humanidades, traducción, sociología… ?

septiembre 27th, 2011

El crowdfunding puede llegar a ser el mecenazgo del futuro

En el mundo periodístico es habitual encontrar referencias sobre el fenómeno del crowdfunding como la nueva versión del mecenazgo en nuestra época de crisis. Es una dinámica nacida en 2004 en los USA que trata de financiar bottom-up (de abajo a arriba, desde la ciudadanía) proyectos culturales de todo tipo. Los potenciales usuarios y compradores son los que deciden la suerte del proyecto, aportando (o no) los recursos necesarios. Sirva un esquema de su funcionamiento que impulsa FundProjectsWithMe:

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Algunas de las plataformas de crowdfunding nacidas en España en los últimos meses: Verkami, Lanzanos, Ivnus, Fandyu. Vale la pena echarles un vistazo (sobre todo los que tengan un proyecto que precise financiación).

Por otra parte, ante la pregunta si el crowdfunding tiene futuro es adecuado plantearse de dónde viene y hacia dónde va. Para ello, propongo reflexionar sobre la evolución de la “donación” con el objetivo de ponderar las posibilidades del crowdfunding como actividad humana y recurrente.Así pues, si las personas que financian proyectos a través del crowdfunding REPITEN esa aventura de “donar”, su categoría como inversor-financiador se eleva a la de MINIMECENAS. Ojalá las redes sociales ayuden al crowdfunding. Pero debemos velar para que no muera de éxito de forma prematura. Si desde las redes se proponen demasiados proyectos a financiar (millones de personas promoviendo sus propios sueños) se puede sobredimensionar la cultura con el consiguiente desenlace fatal (más artistas que espectadores).

Como en todo, debemos ser prudentes.

septiembre 21st, 2011

RR.PP: ¿las redes sociales impactan o influyen?

A fecha de hoy, y con las redes sociales a todo tren (sobre todo Twitter), las agencias de Relaciones Públicas tienen serias dudas a la hora de decidir a que periodistas dirigirse en su labor de difundir mensajes y promover la buena imagen de la organización para la cual trabajan. Por un lado, están los periodistas de los medios de comunicación clásicos. Bien posicionados. Conocidos. Pero con una audiencia que se mide por 4 o 5 cifras (6.000, 60.000 lectores-oyentes …). Por el otro, los que en su tiempo libre (algunos periodistas titulados) ejercen de prescriptores través de las redes sociales y cuentan con miles de seguidores (followers). Tienen menos reconocimiento profesional pero cuentan con muchos más lectores (90.000, 400.000 …).

A primera vista, lo sensato es solicitar la colaboración de ambos perfiles. Aunque el cliente siempre nos preguntará sobre la eficacia de uno y de otro (porque las Relaciones Públicas cuestan mucho dinero). Nos pedirá que midamos el impacto de la crónica del periodista clásico y la de los Retuits en Twitter.

Por ahora, sabemos medir la influencia de los periodistas de radio, TV y prensa. Pero no se conocen, por ahora, métodos certeros para saber si los retuits en Twitter o las opiniones de bloggers influyen en las personas o simplemente amplifican la noticia.

¿Las redes sociales impactan o influyen?.

septiembre 16th, 2011

Innovación docente: descanso temporal de Power Point

Definitivamente, este curso vuelvo a la tiza. Disminuiré drásticamente las presentaciones en power point. Como mínimo, un tiempo prudencial, hasta que me reinvente.

A finales de julio reflexionaba sobre cómo limita el power point la innovación docente. Y en gran medida, es así. Y no es por la calidad de la tecnología sino por el uso que habitualmente hacemos de ella. Creo que delegamos gran parte de nuestra energía y creatividad en un programa demasiado encorsetado. Por ello, regreso a la sencillez de la pizarra por un tiempo.

 

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Probaré de explicarme como antaño, con gestos, palabras, frases escritas, dibujos. Mi actuación será más lenta. Seguro. Pero quiero volver a apostar por la sorpresa, el descubrir las cosas poco a poco (las fotos y las frases del power point son demasiado evidentes, sentencian, no invitan a dudar). Ello no quiere decir que no compartamos al mismo tiempo las ideas en una Intranet o construyamos un proyecto a través de twitter. Es compatible. Más aún. Lo exige la época actual. Pero debemos preservar momentos “magistrales” para reencontrarnos en el proceso de aprendizaje.

Es muy posible que la innovación en la docencia pase por dirigirse a la mente del estudiante y no sólo a sus ojos. Intentaré promover el pensamiento crítico entre los que me escuchen, y eso es más fácil si facilitamos espacios que permitan construir el discurso entre todos.

septiembre 13th, 2011

Organizar la indignación (y III)

Continuación de Organizar la indignación (I)  y  Organizar la indignación (II)

Ante el inminente colapso del sistema actual, 3 cuestiones debieran priorizarse por la urgencia del cambio:

1) REFORMA ELECTORAL

Hemos de conquistar un sistema mixto de democracia directa (el ciudadano decide personalmente sobre políticas públicas) y democracia representativa (“nuevos” partidos políticos, con mayor honorabilidad que los actuales, gestionan las decisiones políticas). La democracia directa se puede ejercitar de manera natural y constante tantas veces como haga falta a través de consultas populares vinculantes. Pero hay que entrenarse. No es tan fácil como parece. Respecto a la democracia representativa, deberíamos separar la elección del gobierno de las de los legisladores, en listas abiertas y por distritos cercanos al ciudadano. Unas elecciones que rompan definitivamente con el corsé de la proporcionalidad.


En cuanto a las reglas de participación parece que el juego de mayorías no ha sido superado por otro mejor. Debemos, pues, seguir contando con esa regla de oro y no tener miedo a sus consecuencias porque son el resultado de un pacto de honor. NO más ruido de sables ni fanatismos políticos o religiosos.

2) REFORMA MONETARIA

El dinero no tiene miedo a nada ni a nadie, en todo caso sólo a las leyes valientes. Actualmente, el dinero nos ha superado en todo y es ingobernable. Merecemos una reforma monetaria valiente que cambie las actuales reglas del juego del dinero. Dos cápsulas informativas-formativas pueden iluminar este punto. Por una parte, una conferencia de Joan Antoni Melé en la EOI de Madrid (2010), Dinero y conciencia, ¿a quién sirve mi dinero?, instructiva y convincente. Y también, “Dinero como deuda” (2006), un producto informativo cuyo objetivo es distribuirse a través de las redes sociales en busca del compromiso individual. Son exposiciones largas. Hay que tomarse su tiempo y dejarse llevar. Pero valen la pena.

3) REFORMA IMPOSITIVA

Si un ciudadano obtiene unas ganancias de 10 millones de euros en un año, ¿es justo que pague 7 millones en impuestos?; ¿puede vivir con los restantes 3 millones?; ¿o lo dejamos en un 10% de carga fiscal y que el ciudadano decida libremente qué hacer con su dinero?. En mi opinión, y tras varios años impulsando estrategias filantrópicas, y vista la realidad egoísta del ser humano, creo que la presión fiscal es un medio necesario para hacer cumplir los deberes sociales de la ciudadanía. En todo caso, no está siendo eficaz porque demasiadas personas mienten sobre lo que tienen o hacen. Y así nos va.

Si con los 10 millones de beneficios el ciudadano rico invierte en actividades productivas (creación de empresas, I+D, cultura) la presión fiscal sobre sus beneficios debe ser muy reducida. Hace lo que tiene que hacer: crear riqueza. Pero mientras que el ciudadano rico invierta en actividades especulativas -como en la actualidad-, la presión fiscal debiera ser muy alta. El ejemplo que nos ilustra el profesor Vicenç Navarro de lo que está sucediendo en 2011 es esclarecedor: “los ricos, a través de los bancos, compran deuda pública, es decir, bonos del Estado. Y, a través de las agencias evaluadoras de los bonos, como Moody’s, Standard & Poors y otros (que son instrumentos de la banca), crean una percepción de alto riesgo, a fin de que los estados tengan que pagarles elevados intereses. Los bancos españoles poseen el 52% de la deuda española. Reciben préstamos de dinero del Banco Central Europeo a intereses muy bajos (1%), y con este dinero compran bonos públicos del Estado español que les dan una rentabilidad de un 6%. Es difícil diseñar un sistema que sea más favorable para los ricos y para sus bancos. Y mientras se hacen superricos, piden a la ciudadanía que se apriete el cinturón bajo la excusa de que “no hay alternativa”. En definitiva, o se prohíben las prácticas especulativas o se les exige un 70% de retorno impositivo.

Yo, personalmente, creo en el Estado del Bienestar. Pero en otro Estado del Bienestar, más modesto, sin tantas pretensiones. Y es muy posible que existan recursos suficientes para hacerlo sostenible si se llevan a cabo grandes reformas. Pero para ello, “nuevos partidos políticos” deberán irrumpir en las cámaras (los actuales no lo van a hacer). Mientras no se unan millones de votantes en sólidas plataformas ciudadanas no hay solución. Algunos expertos consideran que cualquier nuevo partido político se corrompería antes de llevar a cabo reformas históricas como éstas. Aún así, vale la pena intentarlo. ¿Nos organizamos?.

septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

septiembre 7th, 2011

Organizar la indignación (I)

La indignación colectiva a través de las redes sociales está siendo ineficaz porque está desorganizada. Algunos pensadores influyentes promueven la idea de que la indignación no debe organizarse políticamente. Creo que es un error.

Además, la actual indignación es cada vez más cínica puesto que se exige a los empresarios y a los políticos un cambio en sus hábitos mientras que el ciudadano no tiene ninguna intención de cambiar los suyos. Aún hay quien piensa que la crisis es culpa de los demás (!).

Desorganización y cinismo: no llegaremos muy lejos. Me gustaría hacer una reflexión desde la necesaria “evolución” de nuestros tiempos (no desde la “revolución”).

El descontento social y la protesta no deberían plantearse como antaño, buscando el enfrentamiento o la performance para llamar la atención de los medios de comunicación (o de los ciudadanos-periodistas y sus smartphones). Aunque no lo parezca, eso es “mucho ruido y pocas nueces” y sólo da de comer al periodista.

Tampoco el objetivo debería ser enviar mensajes a la sociedad que aumenten la desolación (“sin casa, sin trabajo, sin pensión, sin miedo…“). La eficacia ha de ser el objetivo número uno.  No se trata de abandonar la protesta o la performance, pero éstas han de ser la sal y la pimienta, no el plato.

Si de algo sirven las redes sociales es para organizarse. Organizar personas y grupos, ideas y pretensiones y, sobre todo, organizar información. Una información con cifras reales y opiniones sinceras, sin demagogias. Así, cuando la información sea certera, permitirá actuar con eficacia. La clave es, pues, la contención: no actuar hasta que los niveles de eficacia sean óptimos. Aunque haya ganas de meter ruido, salir a la calle y pedir explicaciones, es mejor esperar a tener información suficiente y utilizarla en el momento oportuno.

Además, la indignación no debería buscar la imposición de ideas por la fuerza. El objetivo estratégico ha de ser el consenso, el mutual understanding. Y como los indignados están en clara desventaja con los que ostentan el poder, pueden y deben presionar, de forma organizada y contenida, para promover ese entendimiento mutuo (nos pueden ayudar mucho las técnicas de grassroots lobbying).

Algunos ejemplos de actuación que buscan hacer “menos ruido y más nueces” :

a) crear productos informativos de calidad (preferentemente audiovisuales) y distribuirlos en las redes sociales en busca del compromiso individual.

b) recoger “millones” de firmas y presentarlas ante parlamentos, ayuntamientos, tribunales o multinacionales, con el objetivo de forzar el diálogo.

c) dejar de consumir un producto o servicio hasta forzar una situación de mercado.

d) en un nivel distinto y con mayor eficacia se encuentran actuaciones como la desobediencia civil o la huelga de hambre, de mayor riesgo personal para el indignado.

La mayor parte de actuaciones propuestas puede finalizar en una mediación, y si ésta no da resultados, debemos ser consecuentes e interponer una demanda judicial o tramitar una iniciativa legislativa popular. Cualquier cosa menos dejarlo todo en un video de YouTube con 3 millones de visitas… No tiene ningún sentido indignarnos si no tenemos intención de cambiar las cosas. Y las cosas, finalmente, se cambian dialogando en despachos y salas, no en la calle ni en espacios virtuales.

Todas las personas valientes y decididas que se organicen verán recompensados sus esfuerzos con resultados, con cambios reales.

Trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que nos están haciendo perder cierta credibilidad -Organizar la indignación (II)-  y aquellas otras que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio -Organizar la indignación (y III)-.