Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

Esta entrada también está disponible en: Catalán


One Comment to “Organizar la indignación (II)”

  1. Estoy TOTALMENTE de acuerdo contigo. Lo que dices es de puro sentido común. Llevamos ¿30 años? viviendo por encima de nuestras posibilidades. El estado, los ayuntamientos, las familias, las personas. NO ES SOSTENIBLE.

    La culpa es de los políticos y nuestra. Los políticos hacen promesas que no puenen cumplir, que no son sostenibles. Hay que volver a la sobriedad, a no estirar el brazo más que la manga, al sentido común. Eso exige esfuerzo, compromiso, trabajo, honradez, ética. A todos los niveles. A nivel político, a nivel institucional y a nivel personal.

    La culpa también la tenemos los votantes por votar a los que hacen promesas sin base, por votar a los que dicen lo que nos gusta escuchar. Por no usar el sentido común. Por no vivir con los pies en el suelo. Nadie da duros a cuatro pesetas; ahora diríamos nadie da euros a 80 céntimos. El estado de bienestar HAY QUE PAGARLO. Y no solo los ricos, tiene que pagarlo el que lo usa.

    Hay que concienciar a la sociedad de esto. Si no no hay futuro. Acabaremos como Grecia, como Venezuela…

    Los políticos tienen que DECIR LA VERDAD. Y nosotros tenemos que estar dispuestos a escucharla. Y estar dispuestos a asumir las responsabilidades. TODOS. No vale votar al que dice lo que nos gusta, lo que nos alaga, no vale votar al que hace promesas solo para ganar votos. Hacen promesas que tenemos que pagar todos.

    En fin hay para mucho. Queda mucho por hacer. Queda mucho por aprender. Queda mucho por asumir. Si no cambiamos esto la democracia será mentira.

    Saludos
    Charly

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