ESPAÑA-CATALUNYA. Cambio de liderazgos.

ESPAÑA-CATALUNYA. Historia compartida a lo largo de muchos siglos. Sus gentes, sus paisajes, sus culturas entremezcladas. Aunque la unión política en un solo Estado (1714) no se produjo por un acuerdo libre entre las partes sino que fue el resultado de una guerra. Han pasado casi 3 siglos y el imaginario catalán, el pueblo vencido, sigue vivo (algunos lo han llegado a llamar “el problema catalán“).

Según las últimas encuestas, la mayoría de catalanes consideran Catalunya una nación sin estado dentro de la España plurinacional que reconoce la Constitución de 1978. Esa mayoría -superior ya al 50%- no se identifica como independentista aunque va acumulando razones identitarias y económicas que la distancian del resto de España. Por contra, la gran mayoría de españoles consideran España como una única nación y no desean entrar en debates estériles sobre territorios o regiones de un mismo estado. Así pues, los imaginarios español y catalán se están distanciando a marchas forzadas, alentados por una clase política incapaz de gestionarlos y unos medios de comunicación más violentos que las armas.


El debate entre separatistas (“quiero volver a ser libre”) y españolistas (“aquí no se mueve nadie”) viene de largo. En ocasiones, el debate ha acabado con violencia y, en otras, los pactos políticos han silenciado las voces discordantes. Pero, llegados a la nueva era de las redes sociales en la que existen tantas oportunidades para pensar y organizarse, tengo serias dudas de que el debate finalice con tanta rapidez y eficacia como hasta ahora. Y es que, sin violencia, ¿quién puede ganar un debate identitario?. Nadie. Sigue latente. No existen vencedores ni vencidos porque el diálogo nace de la libertad de pensamiento y actuación.

Por ahora, el imaginario catalán se está armando de argumentos económicos que la hacen soñar con un nivel de vida muy distinto, mientras que el imaginario español acumula cada día argumentos ideológicos basados en la territorialidad y la eficacia de la administración única. En última instancia, los que tienen miedo al debate recuerdan el artículo 8. 1 de la Constitución Española que cita a las Fuerzas Armadas como defensoras de la integridad territorial de España. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Pero el debate es imparable. Nadie puede ya silenciar a los ciudadanos. Aunque lo difícil va a ser gestionar las decisiones resultantes. Europa puede ser el árbitro. Las vio nacer, crecer, pelearse, convivir. Ahora le toca moderar el cambio de liderazgos.

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