Honestidad y dinero público. Claves para el cambio.

  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de pequeñas dimensiones un Polideportivo o un Auditorio financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a corto plazo (5 años). Conceder el derecho de uso y disfrute de una infraestructura deportiva o cultural a una comunidad vecinal sin un plan de co-pago, co-propiedad, co-laboración, co-operatividad, es decir, de responsabilidad compartida, es un sin-sentido. Si ese municipio no cuenta con ciudadanos comprometidos con la cultura o el deporte, deben continuar sin infraestructuras deportivas o culturales.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de mediana dimensión un Hospital o una Universidad financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando la orografía del territorio impida el trabajo en red con otras poblaciones. Mientras sea posible compartir recursos entre municipios, no se debe multiplicar ni sobredimensionar las infraestructuras educativas y sanitarias.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de Ciudad Real, Lleida o Castelló un Aeropuerto financiado con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a medio plazo (15 años). Si no hay masa crítica o demanda, esas ciudades rompen con la sostenibilidad. Es un error pensar que el Aeropuerto atraerá vivienda, ocio y negocio; la realidad lo ha demostrado. Más bien, los ciudadanos deben demostrar, primero, que son capaces de construir ciudades innovadoras merecedoras de dinero público para un Aeropuerto.
  • ¿Se merecen los ciudadanos madrileños infinitas autopistas de circunvalación (M30-M40-M50-M70-R4-R5) financiados con recursos públicos?; ¿Instalaciones de promoción turística o circuitos de Formula-1 en Valencia financiado con dinero público?. ¿Si? ¿No?  

Esto es política: decidir dónde invertir los recursos de los ciudadanos. Pero la política también tiene que pensar en equilibrar las cuentas. No se puede gastar lo que uno no tiene. No es lícita la refinanciación ilimitada de deuda. Porque el dinero público es dinero real, no es de “Monopoly”. Si en el ámbito de la microeconomía lo entendemos -y lo practicamos en casa- no manipulemos la macroeconomía. Y no es honesto tachar de planteamiento neoliberal lo que es de justicia social.

*

4 ideas para el cambio:

1) CERO BENEFICIOS EN OBRA PÚBLICA. Las grandes infraestructuras no pueden ser objeto de negocio lucrativo entre la Administración Pública y la empresa privada. Ésta debe cubrir costes y no aspirar a beneficios con el dinero público. El Derecho Administrativo debe tomar cartas en el asunto. Y el Derecho Penal debe velar por el cumplimiento de las condiciones de los concursos públicos con elevadas penas de prisión para empresarios y políticos que se sobornen mutuamente.

2) REALISMO. Las grandes infraestructuras no deben venderse en programas electorales como derechos de la ciudadanía : “si me votáis, yo construiré… os lo merecéis…“. No son “derechos”. Si acaso, “necesidades”. Cuando se justifique la necesidad tendrá sentido la inversión del dinero público.

3) AUSTERIDAD. Únicamente se pueden llevar a cabo inversiones públicas cuando exista un plan de financiación sostenible y no hipoteque a generaciones futuras. En caso contrario, y aunque esté justificada la necesidad, hay que esperar tiempos mejores.

4) CIUDADANO SUBSIDIARIO. Determinadas inversiones públicas deberían decidirse en votaciones cercanas al ciudadano. Éste tiene derecho a comprender las consecuencias de un presupuesto económico. Y asumir, de forma subsidiaria, cualquier incumplimiento del presupuesto con dinero de su bolsillo. Si dio su aprobación al presupuesto, tiene que asumir las incidencias y las emergencias con una derrama. No se puede “pasar el muerto” a otra comunidad vecinal o regional que no goza de esa infraestructura ni se comprometió con ella. Quizás hemos confundido, en demasiadas ocasiones, solidaridad con fraude.

Un ejemplo de honestidad ciudadana. En 2010, el Ayuntamiento de Barcelona propuso a la ciudadanía, vía referéndum, invertir en mejoras de la Avenida Diagonal, una calle de 11 kilómetros que cruza la ciudad “en diagonal”. La respuesta de los barceloneses fue honesta con el dinero público y respondió que no estaba para asumir gastos de restauración urbanística, dando una lección de management y de prudencia política a sus representantes municipales.

*

Post-data: Los partidos políticos deben cambiar las leyes. De la ciudadanía, que nadie dude. Estará a la altura de las circunstancias. Pero si los partidos políticos no promueven el cambio, la ciudadanía lo hará por ellos. El tiempo de la deshonestidad con el dinero público se ha agotado.

Esta entrada también está disponible en: Catalán


One Trackback to “Honestidad y dinero público. Claves para el cambio.”

Deja un comentario

*