Tiempos de independentismo (3)

Entender un proceso de secesión como una renuncia a algo “propio” representa la habitual falta de madurez de la mayoría de estados. Muchos de ellos se consideran “propietarios” de los ciudadanos y de sus decisiones, tratándolos de incapacitados o menores de edad.

También es cierto que mientras que los partidos políticos y los medios de comunicación presenten el independentismo como una opción de inviabilidad o insolvencia frente al status quo, los ciudadanos no tendrán una perspectiva de conjunto y no podrán tomar decisiones de manera ecuánime.

En ese sentido, el derecho a la independencia debe moverse en unos parámetros de gran madurez democrática, con mayorías generosas de apoyo, de espacio y de tiempo. Ahí van algunas de las referencias:

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  • Las mayorías que decidan dar el primer paso hacia la secesión deben alcanzar el 55% o el 60% de los votantes (no de la población). Se debe aspirar a la mayoría absoluta y a la unanimidad pero las reglas democráticas son las que son.
  • Los “tempos” de cadencia hasta finalizar el proceso deben ser largos, entre 3 y 5 años, que permitan garantizar a ambas partes la mejor solución en cada uno de los asuntos.
  • La generosidad y la prudencia deben avalar todo el proceso, planteado como una decisión irreversible.

La única vía del independentismo no violento es el pragmatismo, el abandono de las reivindicaciones imposibles y el consolidarse como un movimiento que se hace andando. Así, se evitan las frustraciones y se construyen las adhesiones.

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