Cataluña, nuevo estado de Europa

Siempre se recordará el 2012 como el año del despertar de la ciudadanía catalana. La mayoría quiere un cambio, quiere un país con identidad propia, no quiere seguir siendo maltratada por España. El nacimiento de movimientos de base como la Assemblea Nacional Catalana y la Associació de Municipis per la Independència son una buena muestra. Las encuestas avalan este anhelo: el 51,1% del pueblo catalán se inclina por la independencia (CEO, JUNIO 2012).

Muchos hablan de “INDEPENDENCIA” y “NUEVO ESTADO DE EUROPA”, lemas claros para la gran movilización y concentración del 11 de septiembre de 2012. Otros -en especial la clase política- diluyen la fuerza del momento con conceptos menores como “pacto fiscal”, “concierto económico”, “confederación con España”, pensando que la independencia es inviable actualmente. Y otros, pocos, luchan en contra de la libertad del pueblo catalán.

La independencia de Cataluña es difícil y costosa pero necesaria para sobrevivir como nación milenaria.

Figuras relevantes afirman que el nuevo estado catalán puede llegar a ser el modelo a seguir por todos los países del sur de Europa, un modelo competitivo, solidario, respetuoso con el medio ambiente, que cree más en la fábrica que en el toxto, en la innovación que en la ingeniería financiera.

Cuando los catalanes quieran, tomarán la independencia sin pedir permiso de nadie. Sólo falta decisión.

 

 

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