Ética del beneficio: honorario máximo SMI x 100

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Ningún honorario anual (alto directivo, representante, comisionado, accionista, asesor, abogado, consultor, socio, deportista de élite…) debería ser superior al SMI multiplicado x 100. O la suma de honorarios no debe superar el millón de euros al año (1’3M$).

La cifra es, a todas luces, excesiva y suficiente para sufragar cualquier proyecto(s) anual, o para pagar los servicios de cualquier profesional. Sobrepasar una cifra tan abultada sólo se entiende bajo la mirada egocéntrica que tanto daño ha hecho a la humanidad.

Aunque los servicios prestados se desarrollen bajo los máximos niveles de dificultad, calidad, exclusividad, competencia, diligencia, individualidad… aunque sea algo irrepetible, único, el n.1… debemos poner sentido común a las cosas y pensar en las consecuencias del desnivel. Llevar zapatos de oro o beber en copas de diamantes no es de recibo en el siglo XXI. Esos tiempos pasaron.

En ocasiones, la culpa de unos honorarios desorbitados no la tiene el empleador sino la intermediación del patrocinio publicitario. Algunas grandes marcas se introducen en la vida privada de jugadores, artistas, especialistas… aportando enormes cantidades de dinero, y parte de esos recursos van directamente al protagonista, aumentando sus honorarios x1.000 o x10.000… A ojos del resto de mortales, son inmerecidos e injustos (aunque se lo perdonan mientras siga marcando goles o emocionando con sus canciones o sus películas). El patrocinio publicitario deberá reinventarse si quiere participar en la reinvención del mundo.

Todos los recursos que superen 1M€/anual deberían ser gestionados desde un fondo comunitario que los reinvertiría en proyectos de calidad. Autores como Christian Felber en la “Economía del bien común” han generado inteligentes soluciones al equilibrio económico entre personas, ofreciendo una innovadora visión que rompe con la clásica división entre capitalismo y comunismo.

Algunos pueden preguntarse, ¿por qué?, ¿por qué no aceptar la suerte, el momento, la juventud, la fuerza, la belleza, la destreza, como diferenciador económico entre personas? Porque el sentido común nos dice que las oportunidades y los éxitos deben compartirse con el máximo número de personas. Porque la felicidad no está ligada con el “tener” sino con el “ser”, y el “ser” es una alteridad con la comunidad (no solo con la pareja, los hijos y los socios). “Tener” sí, pero sólo aquello que se pueda disfrutar al instánte. ¿Conseguirá la inteligencia humana superar el paradigma de la posesión?.

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