Ética del beneficio: patrimonio personal no superior a 10M €

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Ningún individuo debe acumular un patrimonio que no pueda gestionar con sus propias manos. ¿Qué sentido tiene perseguir el infinito? El corto tiempo que vivimos no debe malgastarse en amasar dinero.

La historia no conoce grandes patrimonios construidos bajo los principios de igualdad y justicia social. Las grandes fortunas tienen su base en la esclavitud, en la fuerza de las armas, en la ley injusta, en el engaño o en el aprovechamiento del más débil.

Si el ser humano consigue un patrimonio con su esfuerzo personal, sin corromper ni corromperse, es hasta cierto punto positivo porque comparte riqueza con sus más cercanos e incluso crea ocupación en algunos casos. Un límite de 1M€ (ahorros, propiedades) parecería suficiente si no fuera porque la historia nos demuestra que han existido proyectos empresariales o descubrimientos científicos esenciales para la humanidad que han consolidado cifras superiores. Por ello, para que las excepciones quepan en estos nuevos parámetros, el límite podría ser de 10M€, una cifra inalcanzable para el 99’9% de la humanidad. Así, se corrobora que es un límite máximo y no permite discusiones a ojos de ese 99’9%. Desaparecerán, así, los últimos faraones que poseen billones y billones de dólares, euros, pesos, yens, rublos…

Y si el éxito profesional o una lotería accidental lleva al individuo a obtener cantidades ingentes de recursos debe cederlos a la comunidad, no por un principio de solidaridad o gesto filantrópico(*) sino porque la nueva sociedad no puede permitir la desigualdad extrema.

(*) La filantropía deberá seguir existiendo en el marco de nuestras habituales acciones del día a día.

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