Pies de barro de la filantropía

La Fundación Amancio Ortega (en la foto) ha firmado un convenio de colaboración con Cáritas Española (nov’12-dic’13) a través del cual pone a su disposición 20 millones de euros en favor de las personas y las familias más necesitadas. Para Cáritas, que en 2011 obtuvo unos fondos de 250 millones de euros (66% privados, 33% públicos), esta inyección le supone un aumento del 8% en su presupuesto anual.

Para Amancio Ortega, el hombre más rico de España (y 3º del mundo) con una fortuna estimada de 42.000 millones de euros, le supone también un motivo de honda satisfacción. La denominada ‘‘Nueva Filantropía’’ no busca la caridad sino la inversión social y la implicación personal del donante.

La fundación Amancio Ortega, presidida por su hija Marta, realiza habitualmente este tipo de convenios y grandes donaciones desde su constitución, en 2001. El patrimonio inicial fue de 60 millones de euros y no tiene un presupuesto fijo aunque se estima que invierte una media de 50 millones anuales en proyectos educativos, sociales y culturales.

Cuando el esfuerzo, el trabajo o la fortuna sonríe a un individuo de forma generosa con la acumulación de patrimonio, éste debe compartir el exceso de beneficio. La época de los faraones ya pasó. Por ello, y como en el caso que nos ocupa, donativos de 20M€ que representen el 0’04% del valor patrimonial de una fortuna personal es un insulto a la dignidad humana. No es de extrañar que la gente no crea en la filantropía. Filantropía sí. Pero dentro de los límites de la justícia social.

Sin tratar de dar lecciones a nadie, el programa The Giving Pledge, avisa de que las donaciones y patrocinios actuales, o la aportación pública del 0’7% del PIB de los estados al subdesarrollo, son un insulto a la inteligencia humana. El programa invita a las grandes fortunas norteamericanas a comprometerse a donar el 50% de sus riquezas a causas filantrópicas. O más del 50%. O a darlo todo.

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