Los muckrakers deben ser expulsados de la profesión periodística

La traducción del concepto de muckraker es  “removedor de estiércol“, un término que empezó a utilizarse en el mundo de la comunicación a principios de s.XX y que definía al periodista, al escritor o al relaciones públicas que se dedicaba a denunciar públicamente la corrupción de los políticos y personajes públicos de la época, haciendo relucir sus trapos sucios. Un trabajo que escarbaba en las vidas ajenas con el objetivo loable de buscar la verdad.

Algunos consideran a los muckrakers el antecedente del periodismo de investigación. Yo no estoy muy seguro. Es cierto que consiguieron tambalear a las clases dirigentes y al establishment norteamericano, revolucionando el statuo quo. Eso siempre es bueno.

Pero el papel de removedor de basura, aunque tenga su fundamento en la “prueba” conseguida, siempre es tendencioso y parcial, y sin duda parte de un posicionamiento subjetivo y moral del investigador. Y en demasiadas ocasiones obedece a un interés personal que le hace ser “juez y parte” e invalida cualquier resultado.

Y en esta fase estamos. Los objetivos del muckraker han cambiado. Ya no pretende denunciar sino que pretende ser el protagonista del cambio, en una posición en la que todo vale, hasta la mentira. El fin justifica todos los medios.

Algunos pseudo-periodistas como Pedro J. Ramírez, el director del diario El Mundo, confunden en numerosas ocasiones el papel de representantes de un medio de comunicación con el de justicieros. Recientemente, El Mundo ha irrumpido en la campaña electoral catalana de 2012 “esparciendo mierda” sobre el Presidente Mas, candidato que se presenta a la reelección.

En democracia, los ciudadanos viven dos momentos bien diferenciados: 15 días de campaña electoral  y 1.445 días (4 años menos 15 días) de vida normal. Si el muckraker irrumpe en campaña electoral no lo hace para mostrar la verdad a la sociedad sino para tomar partida por unos y contra otros. Y no es su espacio, ni su momento. El periodismo de denuncia, el periodismo basado en la investigación de documentos veraces y testigos imparciales tiene mucho tiempo, antes y después de la campaña electoral, para cumplir con la función social que tiene encomendada. 

Está comprobado, además, que el muckraker que irrumpe en campaña electoral influye poco en los votantes indecisos. En cambio, influye negativamente en la profesión periodística. Los actuales muckrakers, expendedores de dossieres y carnets de buenos y malos, deben ser expulsados de la profesión antes de que el periodismo se hunda definitivamente por su culpa.

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