El teatro, fuente de innovación social

Según algunos estudios de mercado, una persona es asidua al teatro si mantiene una media de 30 espectáculos al año (“ir al teatro cada 12 días“). No hay muchas personas con esa perseverancia. La causa no es el precio de la entrada -como muchos piensan- sino el desconocimiento de la oferta teatral y la alternativa audiovisual.

Aún así, cabe preguntarse: ante un texto o guión interesante, ¿qué beneficios aporta la cercanía al escenario, a los actores, a los objetos?; ¿qué beneficio representa oír las voces y los sonidos en directo, on time?. No hay respuestas teóricas a dichas preguntas. El teatro es una experiencia que atraviesa la mente del espectador solo si éste le brinda la oportunidad. Pero no una sola oportunidad, sino unas cuantas, con cierta asiduidad.

Los que tenemos la suerte de haber sido atrapados por el teatro y somos asiduos a la excelente oferta actual afirmamos que el teatro es fuente de crecimiento, de reflexión y, sin lugar a dudas, fuente de innovación social. La interacción directa del espectador con un texto interpretado por actores en un escenario hace que la comprensión de las ideas aumente y, por ende, incrementa la fuerza para actuar por el cambio que propone el texto. Así los beneficiarios de cada acción son al mismo tiempo actores de su propio desarrollo, fortaleciendo así el sentimiento de ciudadanía.

Deberíamos darle una oportunidad al teatro.

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