No hay que poner barreras a la participación política ciudadana

V_110914El 11 de setiembre de 2014 será la 3ª Diada Nacional de Cataluña consecutiva, masiva, participativa, singular y mediática que traspasará fronteras. El objetivo volverá a ser el mismo: promover la participación ciudadana en un proyecto político ilusionante y colectivo, en busca de la libertad para poder votar. En esta ocasión, se llama a la participación a 2 millones de personas para que llenen 2 vías principales de la ciudad de Barcelona, con el fin de formar la letra “V” desde el aire, puesta la mirada en la consulta del 9 de noviembre de 2014.

No parece un reto difícil puesto que en 2012 una cifra similar recorrió diversas calles de Barcelona invocando el lema “Catalunya, nou Estat d’Europa“. Y en 2013, una inmensa cadena humana cruzó todo el país.

No hay duda que el proceso independentista que está viviendo Cataluña se debe al compromiso electoral que han asumido los partidos políticos tras las últimas elecciones al Parlament de Catalunya de 2012. Pero también a la presión que está ejerciendo la sociedad civil, que marca la agenda política catalana. Distintas entidades -la más destacada, la Assemblea Nacional Catalana- no son otra cosa que organizaciones surgidas de la democracia más pura, limpia, sin personalismos, que sabe coordinar los anhelos de millones de personas con un exquisito nivel de convivencia, respeto y sin violencia.

Hay quien trata de demonizar esas entidades ciudadanas, pretendiendo reducir la democracia a la actuación de los partidos políticos. Mal hecho. El siglo XXI debe innovar los encuentros y foros ciudadanos -online, presenciales, festivos, académicos, multidisciplinares, multiètnicos- así como también las acciones de presión a los poderes públicos -grassroots lobbying-. Y tanto unos como otros, poniendo el acento en la “rendición de cuentas”, es decir, en la efectividad de las acciones y los pactos.

La nueva democracia no puede repetir los mismos errores a los que nos tienen acostumbrados los desmemoriados partidos políticos, que dicen unas cosas y hacen otras.

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