Posts tagged ‘crisis’

abril 21st, 2012

Comunicación de crisis bien resuelta

Desde febrero 2012, la Casa Real española cuenta con un nuevo Director de Relaciones con los Medios, Javier Ayuso, sustituyendo a Ramón Iribarren que hasta ese momento había tenido que lidiar con los negativos efectos del caso Urdangarín. La reciente aventura del rey Juan Carlos I cazando elefantes -o elefantas- en Botswana ha sometido a la Casa Real a la peor crisis de su historia. Toda la clase política y gran parte de la ciudadanía se posicionó en contra. Incluso se habló de abdicación.

En comunicación de crisis se ofrecen 3 caminos para resolver un conflicto: el silencio, el ataque y la disculpa.

  • A corto plazo, el silencio parece una buena solución. No decir nada y confiar en que la gente olvidará. Esta es la vía que utilizan habitualmente los abogados con sus defendidos. Tienen que pasar muchos años (más de 30) para que el olvido sea efectivo y la crisis pase a los anales de la historia. Aunque una crisis mal cerrada se lleva por delante al encausado y a su credibilidad.
  • La vía del ataque -o contraataque- implica ir hacia adelante como un animal herido, tratando de justificar lo injustificable y provocando víctimas colaterales para salvarse de la quema. Se basa en la teoría del mal menor. Y aunque quizás evita la cárcel u otro tipo de penalidades, tampoco cierra la crisis. La gente no es tonta.
  • La salida más efectiva es la disculpa. Y cuanto más explícita, sincera, profunda, breve, concisa, sin rodeos… mucho mejor: “lo siento mucho, he cometido un error y no volverá a ocurrir“. Ésta es la solución que tomó el monarca español el pasado 18 de abril, y aunque la crisis no queda cerrada, está bien resuelta. Su credibilidad ha quedado maltrecha, pero la honradez y el arrepentimiento mostrados le auguran el perdón de la sociedad -aunque no el olvido-.

Javier Ayuso ha hecho un buen trabajo. Pero el rey también tiene su mérito porque ha hecho caso de su asesor. La mayoría de políticos no lo hacen, y así les va.

abril 11th, 2012

Crecimiento a través de la deuda (2)

Los especialistas sitúan la crisis actual como algo sistémico, de una profundidad alarmante, de fin de ciclo. Algunos autores hablan del fin del capitalismo para el 2050. Yo no me atrevo a ir tan lejos. Pero la mayoría de economistas y sociólogos están de acuerdo en que el sistema actual de crecimiento a través de la deuda (tanto pública como privada) no da más de sí, ha enfermado la economía. Una enfermedad terminal. Es necesario inventar una nueva forma de crecer.

En ese sentido, la pregunta que nos hacemos todos es: y de la profunda crisis actual, ¿cómo salimos?. Pues, lo primero será reconocer el problema, porque millones de personas aún no han asumido la nueva circunstancia, viven tan felices. Y demasiados bancos siguen pensando que el negocio del crédito puede continuar eternamente. Y la mayoría de gobiernos viven en la más absoluta desorientación.

Una vez aceptada la enfermedad, debemos empezar a actuar sin demora. Tenemos que consumir mucho menos que antes y reducir al mínimo el nivel de endeudamiento personal. En situaciones como la actual, las deudas se encarecen, pesan cada vez más. Y ante el deseo de adquirir un nuevo bien o servicio, a partir de ahora deberemos preguntarnos: ¿verdaderamente lo necesito?. Si cambian los paradigmas económicos estamos obligados al cambio. Hay que demostrar que tenemos consciencia.

Una sociedad como la japonesa -admirable en muchas cosas y en otras no tanto- está más preparada para situaciones difíciles como las actuales. Puertas adentro, su ancestral consciencia de grupo le otorga una enorme capacidad de sacrificio como colectivo. Y puertas afuera, han consolidado una economía absolutamente internacionalizada. Occidente debe dejar a un lado su arrogancia y mirar a Oriente en busca de la simplicidad.

Sin lugar a dudas, el futuro pasa por acciones colaborativas en entornos coordinados. Ya sé que suena muy “oriental”, pero por ahí irán los tiros. El crecimiento ya no pasará por un endeudamiento individual -que cada palo aguante su vela-. La estrategia colaborativa será la clave del nuevo crecimiento. Los ciudadanos deberán luchar por crecer colectivamente y no individualmente. 

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marzo 19th, 2012

La crisis está en nuestro interior

Hace unos meses, en el artículo Aviso a los ciudadanos: la crisis puede estar en nuestro interior me propuse explicar, ayudado por el filósofo Jiddu Krishnamurti (1895-1986), una de mis profundas convicciones. Y pasado un tiempo, ya no creo que la crisis pueda estar en nuestro interior, sino que está en nuestro interior. Debemos ser valientes en el matiz. Intentaré explicarme.

Como la sociedad actual está enferma, entre todos hemos decidido cambiarla. Todos pretendemos ser el médico (discursos, lecciones, blogs, libros, artículos… incluso algunos a través de una militancia activa). Pero, ¿quién es la “sociedad”? No es más que la suma de individuos. Así pues, no pretendamos cambiar la sociedad. Quien debe cambiar es uno mismo.

El documental que adjunto, The Real Revolution (La verdadera revolución), puede ser inspirador. Recoge fragmentos de reuniones y entrevistas a Jiddu Krishnamurti en California en 1966. Una excelente realización producida por la NET (National Education Television, actualmente Public Broadcasting Service) de 4 horas de duración y dividida en 8 capítulos de media hora. Krishnamurti muestra un pensamiento libre de dogmas, utilizando palabras sencillas. Nuestros esquemas discursivos son tan complejos que nos hemos alejado de la simplicidad. Aconsejo su visionado, parte por parte y sin prisas. Quizás sus palabras puedan incidir en nuestra forma de pensar y actuar.

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Hacia dónde vamos

Observarse a uno mismo

Liberarse del miedo

Meditación

Qué es el amor

Cuestionar

Vivir y morir

El fin del conflicto

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septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

septiembre 7th, 2011

Organizar la indignación (I)

La indignación colectiva a través de las redes sociales está siendo ineficaz porque está desorganizada. Algunos pensadores influyentes promueven la idea de que la indignación no debe organizarse políticamente. Creo que es un error.

Además, la actual indignación es cada vez más cínica puesto que se exige a los empresarios y a los políticos un cambio en sus hábitos mientras que el ciudadano no tiene ninguna intención de cambiar los suyos. Aún hay quien piensa que la crisis es culpa de los demás (!).

Desorganización y cinismo: no llegaremos muy lejos. Me gustaría hacer una reflexión desde la necesaria “evolución” de nuestros tiempos (no desde la “revolución”).

El descontento social y la protesta no deberían plantearse como antaño, buscando el enfrentamiento o la performance para llamar la atención de los medios de comunicación (o de los ciudadanos-periodistas y sus smartphones). Aunque no lo parezca, eso es “mucho ruido y pocas nueces” y sólo da de comer al periodista.

Tampoco el objetivo debería ser enviar mensajes a la sociedad que aumenten la desolación (“sin casa, sin trabajo, sin pensión, sin miedo…“). La eficacia ha de ser el objetivo número uno.  No se trata de abandonar la protesta o la performance, pero éstas han de ser la sal y la pimienta, no el plato.

Si de algo sirven las redes sociales es para organizarse. Organizar personas y grupos, ideas y pretensiones y, sobre todo, organizar información. Una información con cifras reales y opiniones sinceras, sin demagogias. Así, cuando la información sea certera, permitirá actuar con eficacia. La clave es, pues, la contención: no actuar hasta que los niveles de eficacia sean óptimos. Aunque haya ganas de meter ruido, salir a la calle y pedir explicaciones, es mejor esperar a tener información suficiente y utilizarla en el momento oportuno.

Además, la indignación no debería buscar la imposición de ideas por la fuerza. El objetivo estratégico ha de ser el consenso, el mutual understanding. Y como los indignados están en clara desventaja con los que ostentan el poder, pueden y deben presionar, de forma organizada y contenida, para promover ese entendimiento mutuo (nos pueden ayudar mucho las técnicas de grassroots lobbying).

Algunos ejemplos de actuación que buscan hacer “menos ruido y más nueces” :

a) crear productos informativos de calidad (preferentemente audiovisuales) y distribuirlos en las redes sociales en busca del compromiso individual.

b) recoger “millones” de firmas y presentarlas ante parlamentos, ayuntamientos, tribunales o multinacionales, con el objetivo de forzar el diálogo.

c) dejar de consumir un producto o servicio hasta forzar una situación de mercado.

d) en un nivel distinto y con mayor eficacia se encuentran actuaciones como la desobediencia civil o la huelga de hambre, de mayor riesgo personal para el indignado.

La mayor parte de actuaciones propuestas puede finalizar en una mediación, y si ésta no da resultados, debemos ser consecuentes e interponer una demanda judicial o tramitar una iniciativa legislativa popular. Cualquier cosa menos dejarlo todo en un video de YouTube con 3 millones de visitas… No tiene ningún sentido indignarnos si no tenemos intención de cambiar las cosas. Y las cosas, finalmente, se cambian dialogando en despachos y salas, no en la calle ni en espacios virtuales.

Todas las personas valientes y decididas que se organicen verán recompensados sus esfuerzos con resultados, con cambios reales.

Trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que nos están haciendo perder cierta credibilidad -Organizar la indignación (II)-  y aquellas otras que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio -Organizar la indignación (y III)-.

julio 4th, 2011

Grandes Bancos: política informativa imprudente

En julio de 2011, los 20 mayores Bancos europeos mantienen su habitual política informativa anunciando nuevos beneficios (…con la que está cayendo!!). Para finales de año la previsión es de 85.000 millones de euros y 107.400 millones de euros para 2012.

¿Por qué anunciar beneficios cuando la crisis es global, total, generalizada? ¿No es un poco insultante? La política informativa de los grandes Bancos se debate entre presentar la cara del éxito para demostrar que son solventes;  o mostrarse como entidades solidarias con los ciudadanos (no sólo con los accionistas) y potenciar la información de proyectos y personas por encima del balance económico. La mayoría de Bancos se decantan por la primera opción, sin miramientos (o imprudencia).

Claro está que no pueden esconder que el negocio bancario es escandaloso, socialmente injusto y necesitado de regulaciones jurídicas que equilibren los intereses de accionistas y ciudadanos. Por ello, si un Banco ha tenido 6.000 Millones de euros de beneficios en un solo año (1 Billón de las antiguas pesetas) no puede esconderlo informativamente.

Así pues, ante la disyuntiva de “potenciar” versus “matizar” las ganancias, los responsables de comunicación deben pensar en los receptores de sus mensajes. La prudencia me dice que deberían moderar su euforia si quieren sobrevivir al futuro que se nos avecina.

junio 22nd, 2011

Aviso a los ciudadanos (incluido los indignados): la crisis puede estar en nuestro interior

El cambio al que nos estamos viendo abocados en los últimos años es un cambio oportuno, necesario y merecido. Aunque nos falta el diagnóstico. Deberíamos focalizar con mayor sinceridad las causas de la crisis que está provocando ese cambio: ¿los gobiernos?, ¿los bancos?, ¿los partidos políticos?, ¿los funcionarios?, ¿los inmigrantes indocumentados?, ¿el euro?, ¿las grandes fortunas?, ¿la TV, la publicidad? …  Son las causas formuladas en las asambleas de los movimientos sociales. Es decir, las causas están situadas en diversos lugares menos en uno mismo.

No estoy seguro que pueda encontrarse solución alguna sin un buen diagnóstico. Así pues, una mirada con mayor profundidad nos dice que la causa de la crisis actual puede estar en el interior de cada uno. Quizás no estamos preparados para recibir este diagnóstico. O quizás sea más fácil seguir mirando hacia afuera, creyendo que las injusticias sólo las producen los demás.

Es oportuno un texto extraído de “El libro de la vida” del filósofo Jiddu Krishnamurti (1895-1986) que resume gran parte de su pensamiento:Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas. ¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad“.

En el siguiente documento audiovisual se puede disfrutar escuchando a Krishnamurti, uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Sus pensamientos son atemporales y van como anillo al dedo para nuestro actual y convulso presente.

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marzo 27th, 2011

CRISIS solo significa CRISIS

Desde hace unos años, el Management y la Comunicación han construido una falacia alrededor de la palabra “crisis” en chino mandarín, como una composición de dos palabras indisociables que significan “peligro” y “oportunidad”. Es tremendamente snob asistirse de una cultura milenaria y oriental para explicar situaciones de mercado y de las organizaciones. Y no solo snob sino inexacto lingüísticamente. Especialistas como el profesor Mair, de la Universidad de Pennsylvania, tratan de luchar contra ese error que ha crecido hasta el punto de producir un millón de referencias en Internet de ese falso proverbio. Aparece también en miles de folletos publicitarios y en exclusivas presentaciones de consultores y profesores que motivan a los asistentes a pensar “outside the box”:  “…fíjense en los chinos, saben encontrar una oportunidad en la crisis …hemos de actuar como ellos“. No se sabe quién empezó con esta broma pero,  CRISIS solo significa CRISIS.

Aunque la palabra “crisis” [wēijī] se escribe en mandarín simplificado con dos caracteres separados Chinese character wei 危 [wēi]  Chinese character ji1 in simplified form 机 [jī], ello no implica que existan dos significados complementarios -la mayoría de palabras en mandarín tienen dos o más caracteres-. Igual que la palabra crisis no se divide en dos palabras cri-sis, no debemos dividir [wēijī] en dos palabras wēi – jī  porque son dos morfemas que no se pueden separar -existen en chino mandarin algunos morfemas libres, pero éste no es el caso-. Por ello, si no se pueden separar, no podemos manipular su significado por interés, ni que sea pedagógico o bienintencionado.

Mientras que [wēi] se asimila a “cautela” más que a “peligro”, el segundo carácter [jī] no significa “oportunidad”, más bien “el momento incipiente; el punto crítico; el cambio”. ” Por ello, [wēijī]  debe traducirse por crisis, momento peligroso, un tiempo en el que las cosas comienzan a salir mal, no coyuntural, no buscado, no oportuno. En chino mandarín, el significado de “crisis” es tan temible como en cualquier otra lengua. No podemos dar a entender a empresarios, políticos o estudiantes que las crisis son situaciones inestables a las que debemos dar la bienvenida porque se sale beneficiado. La oportunidad de vivir una crisis no debe confundirse con la oportunidad de enfrentarse a ella.