Posts tagged ‘dinero’

abril 10th, 2012

Crecimiento a través de la deuda (1)

El modelo capitalista, nacido hace más de 150 años, está colapsado. Es muy posible que nunca se recupere. Su última fase de desarrollo (1960-2008) se ha basado en el crecimiento a través del endeudamiento, a través del crédito. Y la bola se ha hecho tan grande que ahora ningún país puede pagar lo que debe, muy pocas empresas pueden hacerlo, poquísimas entidades públicas y un reducido número de familias pueden hacer frente a sus deudas. La cruda realidad es que no se puede pagar la deuda que ha permitido el enorme crecimiento de los últimos años. ¿Cómo se ha llegado hasta aquí? ¿Hemos sido conscientes de todo ello?

Sirva un documental animado, El dinero es deuda (2006) para analizar de forma didáctica el funcionamiento del sistema bancario y monetario, claro protagonista de la situación de crisis actual. En él se demuestra la capacidad y la facilidad de los bancos de “fabricar” dinero, “endeudándose” (al fabricarlo, al prestarlo, al devolverlo…) dejando a la vista la debilidad del propio sistema económico. Es importante recalcar que la culpa no es de los bancos. La culpa no es de nadie, la culpa es de todos. El endeudamiento global sólo podía tener este final.

Un año más tarde, se realizó una segunda parte, El dinero es deuda II: Promesas incumplidas, que profundiza en las crisis económicas actuales, como resultado de un sistema económico que, todo parece indicar, está llamado al fracaso. Aunque tiene un lenguaje técnico que la hace más difícil de comprender que la 1a parte, aconsejo su visionado.

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Money as Debt (I)

Money as Debt (II)

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noviembre 24th, 2011

Honestidad y dinero público. Claves para el cambio.

  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de pequeñas dimensiones un Polideportivo o un Auditorio financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a corto plazo (5 años). Conceder el derecho de uso y disfrute de una infraestructura deportiva o cultural a una comunidad vecinal sin un plan de co-pago, co-propiedad, co-laboración, co-operatividad, es decir, de responsabilidad compartida, es un sin-sentido. Si ese municipio no cuenta con ciudadanos comprometidos con la cultura o el deporte, deben continuar sin infraestructuras deportivas o culturales.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de mediana dimensión un Hospital o una Universidad financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando la orografía del territorio impida el trabajo en red con otras poblaciones. Mientras sea posible compartir recursos entre municipios, no se debe multiplicar ni sobredimensionar las infraestructuras educativas y sanitarias.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de Ciudad Real, Lleida o Castelló un Aeropuerto financiado con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a medio plazo (15 años). Si no hay masa crítica o demanda, esas ciudades rompen con la sostenibilidad. Es un error pensar que el Aeropuerto atraerá vivienda, ocio y negocio; la realidad lo ha demostrado. Más bien, los ciudadanos deben demostrar, primero, que son capaces de construir ciudades innovadoras merecedoras de dinero público para un Aeropuerto.
  • ¿Se merecen los ciudadanos madrileños infinitas autopistas de circunvalación (M30-M40-M50-M70-R4-R5) financiados con recursos públicos?; ¿Instalaciones de promoción turística o circuitos de Formula-1 en Valencia financiado con dinero público?. ¿Si? ¿No?  

Esto es política: decidir dónde invertir los recursos de los ciudadanos. Pero la política también tiene que pensar en equilibrar las cuentas. No se puede gastar lo que uno no tiene. No es lícita la refinanciación ilimitada de deuda. Porque el dinero público es dinero real, no es de “Monopoly”. Si en el ámbito de la microeconomía lo entendemos -y lo practicamos en casa- no manipulemos la macroeconomía. Y no es honesto tachar de planteamiento neoliberal lo que es de justicia social.

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4 ideas para el cambio:

1) CERO BENEFICIOS EN OBRA PÚBLICA. Las grandes infraestructuras no pueden ser objeto de negocio lucrativo entre la Administración Pública y la empresa privada. Ésta debe cubrir costes y no aspirar a beneficios con el dinero público. El Derecho Administrativo debe tomar cartas en el asunto. Y el Derecho Penal debe velar por el cumplimiento de las condiciones de los concursos públicos con elevadas penas de prisión para empresarios y políticos que se sobornen mutuamente.

2) REALISMO. Las grandes infraestructuras no deben venderse en programas electorales como derechos de la ciudadanía : “si me votáis, yo construiré… os lo merecéis…“. No son “derechos”. Si acaso, “necesidades”. Cuando se justifique la necesidad tendrá sentido la inversión del dinero público.

3) AUSTERIDAD. Únicamente se pueden llevar a cabo inversiones públicas cuando exista un plan de financiación sostenible y no hipoteque a generaciones futuras. En caso contrario, y aunque esté justificada la necesidad, hay que esperar tiempos mejores.

4) CIUDADANO SUBSIDIARIO. Determinadas inversiones públicas deberían decidirse en votaciones cercanas al ciudadano. Éste tiene derecho a comprender las consecuencias de un presupuesto económico. Y asumir, de forma subsidiaria, cualquier incumplimiento del presupuesto con dinero de su bolsillo. Si dio su aprobación al presupuesto, tiene que asumir las incidencias y las emergencias con una derrama. No se puede “pasar el muerto” a otra comunidad vecinal o regional que no goza de esa infraestructura ni se comprometió con ella. Quizás hemos confundido, en demasiadas ocasiones, solidaridad con fraude.

Un ejemplo de honestidad ciudadana. En 2010, el Ayuntamiento de Barcelona propuso a la ciudadanía, vía referéndum, invertir en mejoras de la Avenida Diagonal, una calle de 11 kilómetros que cruza la ciudad “en diagonal”. La respuesta de los barceloneses fue honesta con el dinero público y respondió que no estaba para asumir gastos de restauración urbanística, dando una lección de management y de prudencia política a sus representantes municipales.

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Post-data: Los partidos políticos deben cambiar las leyes. De la ciudadanía, que nadie dude. Estará a la altura de las circunstancias. Pero si los partidos políticos no promueven el cambio, la ciudadanía lo hará por ellos. El tiempo de la deshonestidad con el dinero público se ha agotado.

septiembre 13th, 2011

Organizar la indignación (y III)

Continuación de Organizar la indignación (I)  y  Organizar la indignación (II)

Ante el inminente colapso del sistema actual, 3 cuestiones debieran priorizarse por la urgencia del cambio:

1) REFORMA ELECTORAL

Hemos de conquistar un sistema mixto de democracia directa (el ciudadano decide personalmente sobre políticas públicas) y democracia representativa (“nuevos” partidos políticos, con mayor honorabilidad que los actuales, gestionan las decisiones políticas). La democracia directa se puede ejercitar de manera natural y constante tantas veces como haga falta a través de consultas populares vinculantes. Pero hay que entrenarse. No es tan fácil como parece. Respecto a la democracia representativa, deberíamos separar la elección del gobierno de las de los legisladores, en listas abiertas y por distritos cercanos al ciudadano. Unas elecciones que rompan definitivamente con el corsé de la proporcionalidad.


En cuanto a las reglas de participación parece que el juego de mayorías no ha sido superado por otro mejor. Debemos, pues, seguir contando con esa regla de oro y no tener miedo a sus consecuencias porque son el resultado de un pacto de honor. NO más ruido de sables ni fanatismos políticos o religiosos.

2) REFORMA MONETARIA

El dinero no tiene miedo a nada ni a nadie, en todo caso sólo a las leyes valientes. Actualmente, el dinero nos ha superado en todo y es ingobernable. Merecemos una reforma monetaria valiente que cambie las actuales reglas del juego del dinero. Dos cápsulas informativas-formativas pueden iluminar este punto. Por una parte, una conferencia de Joan Antoni Melé en la EOI de Madrid (2010), Dinero y conciencia, ¿a quién sirve mi dinero?, instructiva y convincente. Y también, “Dinero como deuda” (2006), un producto informativo cuyo objetivo es distribuirse a través de las redes sociales en busca del compromiso individual. Son exposiciones largas. Hay que tomarse su tiempo y dejarse llevar. Pero valen la pena.

3) REFORMA IMPOSITIVA

Si un ciudadano obtiene unas ganancias de 10 millones de euros en un año, ¿es justo que pague 7 millones en impuestos?; ¿puede vivir con los restantes 3 millones?; ¿o lo dejamos en un 10% de carga fiscal y que el ciudadano decida libremente qué hacer con su dinero?. En mi opinión, y tras varios años impulsando estrategias filantrópicas, y vista la realidad egoísta del ser humano, creo que la presión fiscal es un medio necesario para hacer cumplir los deberes sociales de la ciudadanía. En todo caso, no está siendo eficaz porque demasiadas personas mienten sobre lo que tienen o hacen. Y así nos va.

Si con los 10 millones de beneficios el ciudadano rico invierte en actividades productivas (creación de empresas, I+D, cultura) la presión fiscal sobre sus beneficios debe ser muy reducida. Hace lo que tiene que hacer: crear riqueza. Pero mientras que el ciudadano rico invierta en actividades especulativas -como en la actualidad-, la presión fiscal debiera ser muy alta. El ejemplo que nos ilustra el profesor Vicenç Navarro de lo que está sucediendo en 2011 es esclarecedor: “los ricos, a través de los bancos, compran deuda pública, es decir, bonos del Estado. Y, a través de las agencias evaluadoras de los bonos, como Moody’s, Standard & Poors y otros (que son instrumentos de la banca), crean una percepción de alto riesgo, a fin de que los estados tengan que pagarles elevados intereses. Los bancos españoles poseen el 52% de la deuda española. Reciben préstamos de dinero del Banco Central Europeo a intereses muy bajos (1%), y con este dinero compran bonos públicos del Estado español que les dan una rentabilidad de un 6%. Es difícil diseñar un sistema que sea más favorable para los ricos y para sus bancos. Y mientras se hacen superricos, piden a la ciudadanía que se apriete el cinturón bajo la excusa de que “no hay alternativa”. En definitiva, o se prohíben las prácticas especulativas o se les exige un 70% de retorno impositivo.

Yo, personalmente, creo en el Estado del Bienestar. Pero en otro Estado del Bienestar, más modesto, sin tantas pretensiones. Y es muy posible que existan recursos suficientes para hacerlo sostenible si se llevan a cabo grandes reformas. Pero para ello, “nuevos partidos políticos” deberán irrumpir en las cámaras (los actuales no lo van a hacer). Mientras no se unan millones de votantes en sólidas plataformas ciudadanas no hay solución. Algunos expertos consideran que cualquier nuevo partido político se corrompería antes de llevar a cabo reformas históricas como éstas. Aún así, vale la pena intentarlo. ¿Nos organizamos?.