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mayo 6th, 2011

¿Pongo mis fracasos en el Currículum?

Mi amigo Xavier Marcet rescata en su blog un acertado comentario de Henry Chesbrough cuando éste distingue entre fracaso y error: “El fracaso es una consecuencia natural de experimentar, ayuda a aprender. Un error es repetir algo que ya se ha hecho antes y de lo que no se ha aprendido. Para que los directivos abracen la innovación debemos castigar los errores y promover el fracaso, relacionarlo con el aprendizaje”.  El mismo Xavier Marcet, un año antes, afirmaba en otro post que “los que no fracasan nunca, no arriesgan nunca, no abren nuevas posibilidades. Deberíamos valorar mucho más a aquellos que han tenido la osadía de innovar, de arriesgar y de expresar claramente las enseñanzas de sus fracasos públicamente“. Llevado al extremo, Tom Peters  afirmaba años antes que deben premiarse los fracasos extraordinarios y castigarse los éxitos mediocres.

Me viene a la cabeza cuántas veces alguien me ha dicho que “el que no lava platos, no rompe platos“. Así pues, ¿debo explicarle al que me puede contratar que se me han roto 62 platos de los 4.000 que he fregado?. Intentemos explicarlo con cierta prudencia para no hacer demagogia.

¿Quién se atreve, hoy por hoy, a incluir en su Currículum (CV) sus fracasos? Qué miedo!!. Van a descubrir que no soy perfecto… que no todo me ha ido bien… algunos proyectos acabaron fatal… y otros se quedaron por el camino. No-no-no, el evaluador de mi CV no va a saber entender todo esto… Es muy probable que el responsable de Recursos Humanos no sepa interpretar los fracasos. La cultura del éxito siempre ha estado ligada al modelo educativo, un modelo que ensalza el “ganar” por encima del experimentar o fracasar. En el actual management, llegó ese concepto en forma de “win” (fase primitiva de ser un ganador), el “win-win” (fase en la que los sujetos comparten el éxito), y por fin el “win-win-win” (ganamos todos, también el mercado, la sociedad). Es decir, “ser un ganador” está ligado al éxito, nunca al fracaso.

Pues me permito recordar que la historia ama y recuerda a los luchadores, a las personas que han llegado a ser signos de contradicción, a mujeres y hombres que consiguieron hacernos emocionar con su arte o su palabra, quizás llena de dolor y pérdida. La historia no ama precisamente a los ganadores. De todas maneras, quien debe verlo así es el evaluador de mi CV, no sólo nosotros. Así pues, ¿nos arriesgamos? ¿pongo mis fracasos en el Currículum? Yo apuesto a que sí. Pero hagámoslo bien, ordenando bien las intenciones. Por ejemplo, en el CV podría aparecer:

1- Datos generales bien amenizados, que describan quién eres.

2- La formación, dejando claro que sólo estás al principio del camino (aunque tengas 35 años…). Muchos otros títulos vendrán.

3- Las organizaciones en las que has estado, contratado o voluntario, resaltando los éxitos conseguidos gracias a tu participación, a tu creatividad, a tu tesón, a tu responsabilidad. Aunque sea subjetivo, debemos hablar sin tapujos.

4- La historia de tus proyectos e ideas fracasadas, tu formación inacabada, tu trabajo truncado. Pero sobre todo destacando cómo has aprendido de cada uno de esos momentos de fracaso, cómo te has recuperado del “golpe”, y qué medidas adoptaste en ese momento. Es decir, que puedas demostrar que son fracasos y no errores.

En el caso de que nuestros fracasos provengan de contínuos errores, puede significar que no aprendemos del fracaso, nos importa bien poco nuestras relaciones humanas y profesionales. Por ello, no somos dignos del puesto de trabajo al cual aspiramos. No somos de fiar. Más vale seguir escondiendo los fracasos y probar suerte con un CV al uso.

No está lejos el día en el que todo esto será una exigencia en el protocolo de los Currículums.