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octubre 24th, 2011

Banca pública – Banca privada

Hacía tiempo que no suscribía al 100% un artículo de opinión (“Banqueros” de Rafael Nadal, La Vanguardia 21/10/2011). El periodista analiza el odio indiscriminado de millones de ciudadanos hacia la Banca privada afirmando que “la codicia de algunos y la soberbia en la gestión de otros ha arruinado la parte positiva del legado reciente de bancos y cajas. No sé si todavía están a tiempo, pero si quieren tener alguna oportunidad, los banqueros sensatos y responsables –que los hay– tendrían que liderar el movimiento para investigar, procesar y castigar duramente las prácticas abusivas del sector“. En este contexto, la RSC -Responsabilidad Social Corporativa- de Bancos y Cajas ha perdido todo su sentido. Qué lástima!. Yo me la había creído.

La Banca privada está obligada a rectificar. Su enorme responsabilidad en la actual crisis está fuera de toda duda. Rubrico el deseo de Nadal “de ver a algunos ilustres banqueros de nuestro país pidiendo humildemente excusas por lo que ha pasado. Me gustaría verlos arremangarse apoyando a las instituciones, las empresas y la sociedad de la que viven …/.. para agilizar el crédito que invirtieron en la especulación y que ahora niegan a la economía productiva …/.. para poner al alcance de los necesitados, con fórmulas responsables e imaginativas, todo el stock inmobiliario que se les ha quedado en las manos“.

Si la Banca privada no reacciona y sigue actuando con la habitual prepotencia, la ciudadanía exigirá cambios drásticos que garanticen el crédito y aseguren la honestidad del negocio bancario. La indignación crece. El famoso lema de los manifestantes de Occupy WallStreet “I am the 99%” no ha hecho más que empezar.

Yo creo que el sector bancario se merece una opción pública. Bien es cierto que la Banca pública no tiene buena imagen. Los grandes bancos privados y la actual corriente neoliberal se han encargado de ello. Pero tras el derrumbe del sistema financiero en 2006 debemos revisar esos planteamientos tan categóricos. Bancos públicos que convivan con la Banca privada,¿por qué no?. Aunque no en igualdad de condiciones de competitividad y “pruebas de estrés”. La igualdad ha de ser en equidad social. Estoy seguro que si la Banca pública deja de perseguir el beneficio económico obtendrá un gran beneficio social que, a la postre, es más valioso que la deuda y el papel moneda. Me sumo a los expertos que afirman que la Banca pública es rentable.

Es significativo que el estado de Dakota del Norte sea el más eficiente de los 52 Estados Unidos de América por tener un Banco público potente. Tampoco se hubiera entendido el renacer de Alemania después de la 2ª Guerra Mundial sin sus Landesbanks de propiedad pública. Un interesante artículo en The Economist de mayo de 2010, Mutually assured existence señala que los bancos fuertes y estables de carácter público de la India, China y Brasil son los responsables de su crecimiento.

En resumen:

  • Urge una rápida reacción de la Banca privada enmendando sus errores. Deben reinventar el negocio.
  • Urge la creación de una Banca pública, alejada de los partidos políticos y en manos de funcionarios altamente preparados y honestos.

Los días pasan muy rápido. La lentitud y pasividad actual está perjudicando seriamente a millones de personas y empresas. Hay que actuar con celeridad.

septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

septiembre 7th, 2011

Organizar la indignación (I)

La indignación colectiva a través de las redes sociales está siendo ineficaz porque está desorganizada. Algunos pensadores influyentes promueven la idea de que la indignación no debe organizarse políticamente. Creo que es un error.

Además, la actual indignación es cada vez más cínica puesto que se exige a los empresarios y a los políticos un cambio en sus hábitos mientras que el ciudadano no tiene ninguna intención de cambiar los suyos. Aún hay quien piensa que la crisis es culpa de los demás (!).

Desorganización y cinismo: no llegaremos muy lejos. Me gustaría hacer una reflexión desde la necesaria “evolución” de nuestros tiempos (no desde la “revolución”).

El descontento social y la protesta no deberían plantearse como antaño, buscando el enfrentamiento o la performance para llamar la atención de los medios de comunicación (o de los ciudadanos-periodistas y sus smartphones). Aunque no lo parezca, eso es “mucho ruido y pocas nueces” y sólo da de comer al periodista.

Tampoco el objetivo debería ser enviar mensajes a la sociedad que aumenten la desolación (“sin casa, sin trabajo, sin pensión, sin miedo…“). La eficacia ha de ser el objetivo número uno.  No se trata de abandonar la protesta o la performance, pero éstas han de ser la sal y la pimienta, no el plato.

Si de algo sirven las redes sociales es para organizarse. Organizar personas y grupos, ideas y pretensiones y, sobre todo, organizar información. Una información con cifras reales y opiniones sinceras, sin demagogias. Así, cuando la información sea certera, permitirá actuar con eficacia. La clave es, pues, la contención: no actuar hasta que los niveles de eficacia sean óptimos. Aunque haya ganas de meter ruido, salir a la calle y pedir explicaciones, es mejor esperar a tener información suficiente y utilizarla en el momento oportuno.

Además, la indignación no debería buscar la imposición de ideas por la fuerza. El objetivo estratégico ha de ser el consenso, el mutual understanding. Y como los indignados están en clara desventaja con los que ostentan el poder, pueden y deben presionar, de forma organizada y contenida, para promover ese entendimiento mutuo (nos pueden ayudar mucho las técnicas de grassroots lobbying).

Algunos ejemplos de actuación que buscan hacer “menos ruido y más nueces” :

a) crear productos informativos de calidad (preferentemente audiovisuales) y distribuirlos en las redes sociales en busca del compromiso individual.

b) recoger “millones” de firmas y presentarlas ante parlamentos, ayuntamientos, tribunales o multinacionales, con el objetivo de forzar el diálogo.

c) dejar de consumir un producto o servicio hasta forzar una situación de mercado.

d) en un nivel distinto y con mayor eficacia se encuentran actuaciones como la desobediencia civil o la huelga de hambre, de mayor riesgo personal para el indignado.

La mayor parte de actuaciones propuestas puede finalizar en una mediación, y si ésta no da resultados, debemos ser consecuentes e interponer una demanda judicial o tramitar una iniciativa legislativa popular. Cualquier cosa menos dejarlo todo en un video de YouTube con 3 millones de visitas… No tiene ningún sentido indignarnos si no tenemos intención de cambiar las cosas. Y las cosas, finalmente, se cambian dialogando en despachos y salas, no en la calle ni en espacios virtuales.

Todas las personas valientes y decididas que se organicen verán recompensados sus esfuerzos con resultados, con cambios reales.

Trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que nos están haciendo perder cierta credibilidad -Organizar la indignación (II)-  y aquellas otras que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio -Organizar la indignación (y III)-.

junio 22nd, 2011

Aviso a los ciudadanos (incluido los indignados): la crisis puede estar en nuestro interior

El cambio al que nos estamos viendo abocados en los últimos años es un cambio oportuno, necesario y merecido. Aunque nos falta el diagnóstico. Deberíamos focalizar con mayor sinceridad las causas de la crisis que está provocando ese cambio: ¿los gobiernos?, ¿los bancos?, ¿los partidos políticos?, ¿los funcionarios?, ¿los inmigrantes indocumentados?, ¿el euro?, ¿las grandes fortunas?, ¿la TV, la publicidad? …  Son las causas formuladas en las asambleas de los movimientos sociales. Es decir, las causas están situadas en diversos lugares menos en uno mismo.

No estoy seguro que pueda encontrarse solución alguna sin un buen diagnóstico. Así pues, una mirada con mayor profundidad nos dice que la causa de la crisis actual puede estar en el interior de cada uno. Quizás no estamos preparados para recibir este diagnóstico. O quizás sea más fácil seguir mirando hacia afuera, creyendo que las injusticias sólo las producen los demás.

Es oportuno un texto extraído de “El libro de la vida” del filósofo Jiddu Krishnamurti (1895-1986) que resume gran parte de su pensamiento:Si hemos de crear un mundo nuevo, una nueva civilización, un arte nuevo, no contaminado por la tradición, el miedo, las ambiciones, si hemos de originar juntos una nueva sociedad en la que no existan el «tú» y el «yo», sino lo nuestro, ¿no tiene que haber una mente que sea por completo anónima y que, por lo tanto, esté creativamente sola? Esto implica que tiene que haber una rebelión contra el conformismo, contra la respetabilidad, porque el hombre respetable es el hombre mediocre, debido a que siempre desea algo; porque su felicidad depende de la influencia, o de lo que piensa su prójimo, su gurú, de lo que dice el Bagavad Gita o los Upanishads o la Biblia o Cristo. Su mente jamás está sola. Ese hombre nunca camina solo, sino que siempre lo hace con un acompañante, el acompañante de sus ideas. ¿No es, acaso, importante descubrir, ver todo el significado de la interferencia, de la influencia, ver la afirmación del «yo», que es lo opuesto de lo anónimo? Viendo todo eso, surge inevitablemente la pregunta: ¿Es posible originar de inmediato ese estado de la mente libre de influencias, el cual no puede ser afectado por su propia experiencia ni por la experiencia de otros, ese estado de la mente incorruptible, sola? Únicamente entonces es posible dar origen a un mundo diferente, a una cultura y una sociedad diferentes donde puede existir la felicidad“.

En el siguiente documento audiovisual se puede disfrutar escuchando a Krishnamurti, uno de los hombres más influyentes del siglo XX. Sus pensamientos son atemporales y van como anillo al dedo para nuestro actual y convulso presente.

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