Posts tagged ‘organizar la indignación’

septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

septiembre 7th, 2011

Organizar la indignación (I)

La indignación colectiva a través de las redes sociales está siendo ineficaz porque está desorganizada. Algunos pensadores influyentes promueven la idea de que la indignación no debe organizarse políticamente. Creo que es un error.

Además, la actual indignación es cada vez más cínica puesto que se exige a los empresarios y a los políticos un cambio en sus hábitos mientras que el ciudadano no tiene ninguna intención de cambiar los suyos. Aún hay quien piensa que la crisis es culpa de los demás (!).

Desorganización y cinismo: no llegaremos muy lejos. Me gustaría hacer una reflexión desde la necesaria “evolución” de nuestros tiempos (no desde la “revolución”).

El descontento social y la protesta no deberían plantearse como antaño, buscando el enfrentamiento o la performance para llamar la atención de los medios de comunicación (o de los ciudadanos-periodistas y sus smartphones). Aunque no lo parezca, eso es “mucho ruido y pocas nueces” y sólo da de comer al periodista.

Tampoco el objetivo debería ser enviar mensajes a la sociedad que aumenten la desolación (“sin casa, sin trabajo, sin pensión, sin miedo…“). La eficacia ha de ser el objetivo número uno.  No se trata de abandonar la protesta o la performance, pero éstas han de ser la sal y la pimienta, no el plato.

Si de algo sirven las redes sociales es para organizarse. Organizar personas y grupos, ideas y pretensiones y, sobre todo, organizar información. Una información con cifras reales y opiniones sinceras, sin demagogias. Así, cuando la información sea certera, permitirá actuar con eficacia. La clave es, pues, la contención: no actuar hasta que los niveles de eficacia sean óptimos. Aunque haya ganas de meter ruido, salir a la calle y pedir explicaciones, es mejor esperar a tener información suficiente y utilizarla en el momento oportuno.

Además, la indignación no debería buscar la imposición de ideas por la fuerza. El objetivo estratégico ha de ser el consenso, el mutual understanding. Y como los indignados están en clara desventaja con los que ostentan el poder, pueden y deben presionar, de forma organizada y contenida, para promover ese entendimiento mutuo (nos pueden ayudar mucho las técnicas de grassroots lobbying).

Algunos ejemplos de actuación que buscan hacer “menos ruido y más nueces” :

a) crear productos informativos de calidad (preferentemente audiovisuales) y distribuirlos en las redes sociales en busca del compromiso individual.

b) recoger “millones” de firmas y presentarlas ante parlamentos, ayuntamientos, tribunales o multinacionales, con el objetivo de forzar el diálogo.

c) dejar de consumir un producto o servicio hasta forzar una situación de mercado.

d) en un nivel distinto y con mayor eficacia se encuentran actuaciones como la desobediencia civil o la huelga de hambre, de mayor riesgo personal para el indignado.

La mayor parte de actuaciones propuestas puede finalizar en una mediación, y si ésta no da resultados, debemos ser consecuentes e interponer una demanda judicial o tramitar una iniciativa legislativa popular. Cualquier cosa menos dejarlo todo en un video de YouTube con 3 millones de visitas… No tiene ningún sentido indignarnos si no tenemos intención de cambiar las cosas. Y las cosas, finalmente, se cambian dialogando en despachos y salas, no en la calle ni en espacios virtuales.

Todas las personas valientes y decididas que se organicen verán recompensados sus esfuerzos con resultados, con cambios reales.

Trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que nos están haciendo perder cierta credibilidad -Organizar la indignación (II)-  y aquellas otras que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio -Organizar la indignación (y III)-.