Posts tagged ‘política’

octubre 8th, 2014

Corrupto también es el que roba un paquete de folios en el trabajo

Ver la corrupción en los demás y no verla en uno mismo impide eliminarla.

A distinta escala, el político, el funcionario o el empresario que se llena los bolsillos de dinero ajeno… realiza la misma acción que el empleado que roba un paquete de folios en el trabajo. Las penas de castigo serán distintas (o deberían), pero los principios que inspiran la corrupción son idénticos.

El camino por el que nos están llevando los medios de comunicación… “corrupción por aquí, corrupción por allá” …no va a ninguna parte. Siempre son los mismos protagonistas: los políticos, los banqueros, algún que otro empresario. Pero cuando se informa de actitudes corruptas de ciudadanos de a pie, muy sutilmente se justifican. No necesitamos medios de comunicación que hagan de Robin Hood, porque ni tienen las manos limpias ni conviene desviar la atención del problema. Ni tampoco necesitamos movimientos sociales que no se identifiquen individualmente (hackers, Anonymous…).

Si queremos resolver algún día el problema de la corrupción, algunas cosas deben cambiar:

- Que cada uno de nosotros liquide todos sus impuestos sin demora. No vale aquello de “…como todos engañan, yo también“.
- Que cada uno de nosotros pague por lo que obtiene. No vale aquello de “…yo lo necesito, no tengo dinero, ellos tienen mucho“.
- Que cada autónomo cobre sus facturas adecuadamente. No vale aquello de “…sale más barata la factura sin IVA“.
- Que denunciar actitudes corruptas no sea algo excepcional sino un gesto necesario y loable. No vale aquello de “…no puedo denunciarlo porque es mi amigo; no voy a denunciarlo porque no me afecta, porque no es importante…”
- Y tantas otras corruptelas: falsear un examen, simular una enfermedad… La lista es muy larga. Cada uno puede ampliarla.

Basta ya de seguir el juego a los medios de comunicación. Limpiemos de corrupción nuestro entorno más cercano, nuestra propia realidad. Tal vez así, estimado lector, serás el nuevo político que promueva la regeneración.

 

junio 25th, 2014

Consultas Populares, ¿quieres votar?

Lo único malo que tienen las Consultas Populares es que “enfrentan” a los ciudadanos. Pero, qué le vamos a hacer. Es el precio que hay que pagar por la democracia auténtica.

Me viene a la cabeza una frase de Edmund Burke “…para que la maldad florezca, sólo hace falta que la gente buena no haga nada“. Nuestra democracia es soporífera, se duerme hasta el apuntador. Nadie actúa ante las injusticias o los abusos de poder porque hemos delegado la función de control y sólo la ejercemos cada 4 años (y con altos índices de abstención). Y así “florece la maldad” por doquier. ¿Por qué no dotarse de mecanismos de actuación pública, cuanto menos de consulta popular? En España, la cosa pinta mal. Conceptos como iniciativa popular, colaboración ciudadana, rendición de cuentas, difusión pública, audiencia pública, asamblea ciudadana… suenan a cosas experimentales. Plebiscito, referéndum y consulta son más conocidos aunque poco utilizados. En los últimos años, pocas consultas vinculantes han habido (1985, OTAN; 2005, Constitución Europea; 2009, Estatut de Catalunya) porque convocar una Consulta Popular es competencia exclusiva del Estado. Y esto tiene que cambiar. Algunas ideas:

1- Que la competencia para convocar una Consulta Popular no quede exclusivamente en manos del Gobierno o el Parlamento español, sino que también compartan esa competencia los Gobiernos Autonómicos y, sobre todo, los Ayuntamientos.

2- Que los propios ciudadanos puedan promover y convocar la celebración de una Consulta Popular mediante la presentación de un número determinado de firmas.

3- Que el resultado de una Consulta Popular sea vinculante. No perdamos el tiempo.

Hay temas que obviaré por su extensión -aunque no por su importancia- como cuáles son los umbrales mínimos de participación, la suficiencia de la mayoría simple o los controles financieros que deben ejercerse sobre la campaña. Respecto a las preguntas, cabe afirmar que no deben ser inducidas. Ahora bien, me asalta una duda: ¿nos lo podemos preguntar todo?; ¿tenemos suficiente información “de todos los temas” para votar con ecuanimidad? Por un lado, podemos responder que sí. Hay que confiar en el buen juicio del ciudadano. Pero, por otro lado, nuestros bajos niveles de información sobre ciencia y cultura pueden hacer un flaco favor a la democracia y tomar decisiones erróneas. Que lo vote una mayoría no implica la decisión más adecuada. Sólo la mayoritaria:

- ¿Qué sabemos de Física para opinar sobre el medioambiente?. Poco, pero debemos opinar y actuar. Dotémonos de nuevos mecanismos de información y comunicación imparciales para votar en condiciones.
- ¿Qué sabemos de Biomedicina para opinar sobre las células madre?. Poco, pero debemos opinar y actuar. Dotémonos de…

No desaprovechemos el pulso político que le echa el ciudadano al gobernante con la Consulta Popular y que va más allá de la lógica presión política (lobbismo).

septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.

septiembre 7th, 2011

Organizar la indignación (I)

La indignación colectiva a través de las redes sociales está siendo ineficaz porque está desorganizada. Algunos pensadores influyentes promueven la idea de que la indignación no debe organizarse políticamente. Creo que es un error.

Además, la actual indignación es cada vez más cínica puesto que se exige a los empresarios y a los políticos un cambio en sus hábitos mientras que el ciudadano no tiene ninguna intención de cambiar los suyos. Aún hay quien piensa que la crisis es culpa de los demás (!).

Desorganización y cinismo: no llegaremos muy lejos. Me gustaría hacer una reflexión desde la necesaria “evolución” de nuestros tiempos (no desde la “revolución”).

El descontento social y la protesta no deberían plantearse como antaño, buscando el enfrentamiento o la performance para llamar la atención de los medios de comunicación (o de los ciudadanos-periodistas y sus smartphones). Aunque no lo parezca, eso es “mucho ruido y pocas nueces” y sólo da de comer al periodista.

Tampoco el objetivo debería ser enviar mensajes a la sociedad que aumenten la desolación (“sin casa, sin trabajo, sin pensión, sin miedo…“). La eficacia ha de ser el objetivo número uno.  No se trata de abandonar la protesta o la performance, pero éstas han de ser la sal y la pimienta, no el plato.

Si de algo sirven las redes sociales es para organizarse. Organizar personas y grupos, ideas y pretensiones y, sobre todo, organizar información. Una información con cifras reales y opiniones sinceras, sin demagogias. Así, cuando la información sea certera, permitirá actuar con eficacia. La clave es, pues, la contención: no actuar hasta que los niveles de eficacia sean óptimos. Aunque haya ganas de meter ruido, salir a la calle y pedir explicaciones, es mejor esperar a tener información suficiente y utilizarla en el momento oportuno.

Además, la indignación no debería buscar la imposición de ideas por la fuerza. El objetivo estratégico ha de ser el consenso, el mutual understanding. Y como los indignados están en clara desventaja con los que ostentan el poder, pueden y deben presionar, de forma organizada y contenida, para promover ese entendimiento mutuo (nos pueden ayudar mucho las técnicas de grassroots lobbying).

Algunos ejemplos de actuación que buscan hacer “menos ruido y más nueces” :

a) crear productos informativos de calidad (preferentemente audiovisuales) y distribuirlos en las redes sociales en busca del compromiso individual.

b) recoger “millones” de firmas y presentarlas ante parlamentos, ayuntamientos, tribunales o multinacionales, con el objetivo de forzar el diálogo.

c) dejar de consumir un producto o servicio hasta forzar una situación de mercado.

d) en un nivel distinto y con mayor eficacia se encuentran actuaciones como la desobediencia civil o la huelga de hambre, de mayor riesgo personal para el indignado.

La mayor parte de actuaciones propuestas puede finalizar en una mediación, y si ésta no da resultados, debemos ser consecuentes e interponer una demanda judicial o tramitar una iniciativa legislativa popular. Cualquier cosa menos dejarlo todo en un video de YouTube con 3 millones de visitas… No tiene ningún sentido indignarnos si no tenemos intención de cambiar las cosas. Y las cosas, finalmente, se cambian dialogando en despachos y salas, no en la calle ni en espacios virtuales.

Todas las personas valientes y decididas que se organicen verán recompensados sus esfuerzos con resultados, con cambios reales.

Trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que nos están haciendo perder cierta credibilidad -Organizar la indignación (II)-  y aquellas otras que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio -Organizar la indignación (y III)-.

mayo 26th, 2011

Un apunte sobre Cataluña, una nación sin Estado

Me encuentro en Santiago de Chile, a 12.000 kilómetros de Barcelona, enfrascado en seminarios y conferencias sobre comunicación. El cansancio y la nostalgia me invitan a compartir un apunte sobre mi tierra, Cataluña, una nación sin Estado.

La historia se inicia entre los año 886 y 897, cuando Guifredo el Velloso, un personaje real aunque adornado con historias épicas, se desliga de los reyes francos y da origen a la casa condal de Barcelona. A su muerte, en el año 897, fue el primer conde que traspasó hereditariamente sus posesiones a la Marca Hispánica que había sido creada por el imperio Carolingio a manera de frontera que delimitaba los territorios dominados por cristianos o musulmanes.

El linaje de Guifredo el Velloso fue el embrión de la corona catalano-aragonesa, al unir su destino al reino aragonés en virtud de los problemas dinásticos que sufría esta monarquía. Fue Alfonso II, hijo de Ramón Berenguer IV de Aragón y Petronila, quién asumió todos los títulos y la dignidad real en 1164, tras la muerte de su padre y la abdicación de su madre. De hecho, con él comienza lo que en la historiografía se define como corona de Aragón, la unión del reino y la casa condal de Barcelona.

La democracia no nace en Cataluña pero es parte importante de su nacimiento (se tiene noticia de una Parlamento bicameral en Islandia en el s.X y Cortes Medievales en Castilla y León en el s.XI). Signos claros de la cultura y la política de Cataluña son el primer documento en catalán de Greuges de Caboet en 1095; la constitución de las primeras Cortes Catalanas, la Asamblea de Pau i Treba, en 1192; la Constitució Catalana en 1283; el primer Tratado Maritimo, Principatus Cathaloniae, año 1260 a 1350; el Atlas Catalán, en 1375.

Con los reyes catalanes, la corona prosperó y se expandió de manera que sus territorios abrazaban Mallorca, Valencia, Sicilia, Córcega, Cerdeña y Nápoles. La corona de Aragón se convirtió así en un imperio militar y comercial en el Mediterráneo de importancia vital. Especial preeminencia en este devenir tuvo el rey Jaime I el Conquistador, ejemplo del crecimiento del poder y desarrollo de la corona en detrimento de los reinos árabes. Es remarcable que los nuevos territorios agregados, como Valencia, mantuvieron fueros propios. La casa de Barcelona se extinguió con la muerte de Martín el Humano, en 1410, y pasó el cetro a la dinastía Trastámara en la persona de Fernando. Su matrimonio con la reina Isabel dio como resultado la unión de los reinos de Aragón y Castilla.

Después de los Reyes Católicos, la dinastía de los Austrias mantuvo una relación compleja con el Principado de Cataluña. Aunque se respetaron instituciones propias, las diferencias con la corona eran graves debido a los recursos reclamados por los monarcas para sus empresas militares. Las desavenencias tuvieron su máxima expresión en 1640, en el marco de la guerra europea de los Treinta Años, cuando la guerra de los Segadores enfrentó a franceses y castellanos en tierra catalana. La conflagración acabó con la paz de los Pirineos, por la que El Rosellón y parte de La Cerdaña pasaban a ser franceses y se separaban de Cataluña.

Tras la muerte de Carlos II sin descendencia, Felipe V, de la dinastía borbónica, ocupó el trono de España. En 1701 juró las Constituciones, pero la existencia de otro pretendiente, Carlos de Austria, desembocó en la guerra de Sucesión. Cataluña tomó partido por los austriacistas, pero en 1714 se produjo la caída de Barcelona y las ciudades que no apoyaron a los Borbones fueron tratadas duramente. En 1716, el decreto de Nueva Planta abolió las instituciones propias, no así el derecho civil catalán.

Durante las guerras napoleónicas, Cataluña fue temporalmente segregada por Bonaparte. En el último tercio del siglo XIX se produjo un gran resurgimiento del catalanismo en todos los aspectos. En política, el resultado fue la Mancomunidad, la unión de las diputaciones como institución que representaba a Cataluña. Su existencia fue corta, ya que en el año 1923 fue abolida por la dictadura de Primo de Rivera. La situación cambió radicalmente con la República y en 1932 fue restaurada la Generalitat y se aprobó el Estatuto de Autonomía. La guerra civil de 1936-1939 y la victoria franquista comportaron una larga dictadura, en la cual fueron proscritos los signos de identidad y las instituciones catalanas. La democracia trajo de nuevo la Generalitat, restablecida en 1977 con Josep Tarradellas como presidente. Dos años después, Cataluña tenía de nuevo un Estatuto de Autonomía. La vigencia del Estatuto coincidió con una de las épocas de mayor desarrollo económico y social de Cataluña (1977-2005), y 25 años después, en 2006, un nuevo Estatuto fue aprobado por el pueblo catalán en referéndum.

Ser catalán en el siglo XXI no es fácil. Todos hablan de globalización. Y con la que está cayendo, hablar de sentimientos no es prioritario. Es algo que no se puede expresar con palabras. Uno de nuestros grandes embajadores fue Pau Casals. En 1970 recibió el encargo de componer un himno que representara a la ONU. El himno fue interpretado por primera vez el 24 de octubre de 1971 ante la Asamblea de Naciones Unidas, bajo la propia dirección de Casals, que tenía 94 años. Al finalizar el estreno mundial de su composición, tuvo la oportunidad de hablar en inglés ante tan ilustre audiencia. El emocionante discurso representa el sentimiento milenario del pueblo catalán. Pau Casals habla de paz, habla de amor, habla de Cataluña con orgullo.

Gran parte de los datos históricos comentados están disponibles en la web oficial de la Generalitat de Catalunya.

mayo 21st, 2011

#511 Reducir la campaña electoral


5 para campaña, 1 para reflexionar, 1 para votar.

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Cada campaña electoral distancia más al político del ciudadano. La ciudadanía empieza a estar indignada, por fin! (#spanishrevolution #catalanrevolution #democraciarealya #acampadasol #acampadabcn #nolesvotes #yeswecamp…). Y empieza a organizarse y a proponer iniciativas. ¿Por qué no reducimos la interminable campaña electoral?

Los 15 días de campaña son excesivos. Se utilizan, mayoritariamente, para manipular y engañar a la ciudadanía sin ningún tipo de pudor. Se propagan mentiras para hacer perder votos al adversario sin tener en cuenta que los votantes las están escuchando. Para todo esto, con 5 días los ciudadanos vamos sobrados. Los partidos políticos han tenido tiempo suficiente a lo largo de los 4 años anteriores para explicarse, para actuar, para planificar, para demostrar. Reduciendo a 5+1+1 se ahorrarán muchos recursos. No estamos para despilfarrar. Vienen tiempos duros. Y en menos de un año, otra campaña electoral.

Si estás de acuerdo, apoya la iniciativa #511