Posts tagged ‘sostenibilidad’

noviembre 24th, 2011

Honestidad y dinero público. Claves para el cambio.

  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de pequeñas dimensiones un Polideportivo o un Auditorio financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a corto plazo (5 años). Conceder el derecho de uso y disfrute de una infraestructura deportiva o cultural a una comunidad vecinal sin un plan de co-pago, co-propiedad, co-laboración, co-operatividad, es decir, de responsabilidad compartida, es un sin-sentido. Si ese municipio no cuenta con ciudadanos comprometidos con la cultura o el deporte, deben continuar sin infraestructuras deportivas o culturales.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de un municipio de mediana dimensión un Hospital o una Universidad financiados con recursos públicos? . Siempre y cuando la orografía del territorio impida el trabajo en red con otras poblaciones. Mientras sea posible compartir recursos entre municipios, no se debe multiplicar ni sobredimensionar las infraestructuras educativas y sanitarias.
  • ¿Se merecen los ciudadanos de Ciudad Real, Lleida o Castelló un Aeropuerto financiado con recursos públicos? . Siempre y cuando un estudio -sin intereses políticos- avale y justifique su utilidad en términos de rentabilidad a medio plazo (15 años). Si no hay masa crítica o demanda, esas ciudades rompen con la sostenibilidad. Es un error pensar que el Aeropuerto atraerá vivienda, ocio y negocio; la realidad lo ha demostrado. Más bien, los ciudadanos deben demostrar, primero, que son capaces de construir ciudades innovadoras merecedoras de dinero público para un Aeropuerto.
  • ¿Se merecen los ciudadanos madrileños infinitas autopistas de circunvalación (M30-M40-M50-M70-R4-R5) financiados con recursos públicos?; ¿Instalaciones de promoción turística o circuitos de Formula-1 en Valencia financiado con dinero público?. ¿Si? ¿No?  

Esto es política: decidir dónde invertir los recursos de los ciudadanos. Pero la política también tiene que pensar en equilibrar las cuentas. No se puede gastar lo que uno no tiene. No es lícita la refinanciación ilimitada de deuda. Porque el dinero público es dinero real, no es de “Monopoly”. Si en el ámbito de la microeconomía lo entendemos -y lo practicamos en casa- no manipulemos la macroeconomía. Y no es honesto tachar de planteamiento neoliberal lo que es de justicia social.

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4 ideas para el cambio:

1) CERO BENEFICIOS EN OBRA PÚBLICA. Las grandes infraestructuras no pueden ser objeto de negocio lucrativo entre la Administración Pública y la empresa privada. Ésta debe cubrir costes y no aspirar a beneficios con el dinero público. El Derecho Administrativo debe tomar cartas en el asunto. Y el Derecho Penal debe velar por el cumplimiento de las condiciones de los concursos públicos con elevadas penas de prisión para empresarios y políticos que se sobornen mutuamente.

2) REALISMO. Las grandes infraestructuras no deben venderse en programas electorales como derechos de la ciudadanía : “si me votáis, yo construiré… os lo merecéis…“. No son “derechos”. Si acaso, “necesidades”. Cuando se justifique la necesidad tendrá sentido la inversión del dinero público.

3) AUSTERIDAD. Únicamente se pueden llevar a cabo inversiones públicas cuando exista un plan de financiación sostenible y no hipoteque a generaciones futuras. En caso contrario, y aunque esté justificada la necesidad, hay que esperar tiempos mejores.

4) CIUDADANO SUBSIDIARIO. Determinadas inversiones públicas deberían decidirse en votaciones cercanas al ciudadano. Éste tiene derecho a comprender las consecuencias de un presupuesto económico. Y asumir, de forma subsidiaria, cualquier incumplimiento del presupuesto con dinero de su bolsillo. Si dio su aprobación al presupuesto, tiene que asumir las incidencias y las emergencias con una derrama. No se puede “pasar el muerto” a otra comunidad vecinal o regional que no goza de esa infraestructura ni se comprometió con ella. Quizás hemos confundido, en demasiadas ocasiones, solidaridad con fraude.

Un ejemplo de honestidad ciudadana. En 2010, el Ayuntamiento de Barcelona propuso a la ciudadanía, vía referéndum, invertir en mejoras de la Avenida Diagonal, una calle de 11 kilómetros que cruza la ciudad “en diagonal”. La respuesta de los barceloneses fue honesta con el dinero público y respondió que no estaba para asumir gastos de restauración urbanística, dando una lección de management y de prudencia política a sus representantes municipales.

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Post-data: Los partidos políticos deben cambiar las leyes. De la ciudadanía, que nadie dude. Estará a la altura de las circunstancias. Pero si los partidos políticos no promueven el cambio, la ciudadanía lo hará por ellos. El tiempo de la deshonestidad con el dinero público se ha agotado.

septiembre 9th, 2011

Organizar la indignación (II)

Sin organización, la indignación se diluirá. Y tantos esfuerzos, ilusiones, gritos, pensamientos, horas de sueño, ideas… O peor aún, sin organización la indignación se puede radicalizar, sustituyendo el diálogo por la incongruencia o la violencia. Las redes sociales pueden ayudarnos a organizarla.

En este post, me gustaría poner de manifiesto algunas “indignaciones” colectivas que nos están haciendo perder credibilidad ante los poderes públicos y las empresas por falta de información y sensatez. Se trata de demandas sociales que, aun siendo legítimas, se basan en un error de planificación de los últimos 50 años: la sostenibilidad del estado del bienestar. Alguien planificó mal y tiene parte de responsabilidad, pero no podemos exigir, por ejemplo:

  • mantener abiertos los centros de salud las 24h en cada pequeño municipio con una media de 1 persona atendida por noche, a cargo de los presupuestos públicos (aunque lo hayamos disfrutado unos pocos años… NO ES SOSTENIBLE).
  • mantener plantillas infladas de profesionales de la salud o la educación en centros públicos invocando criterios de calidad (…NO ES SOSTENIBLE)
  • mantener polideportivos, piscinas o teatros en cada pueblo con porcentajes mínimos de usabilidad a cargo de los presupuestos públicos (…NO ES SOSTENIBLE)

El estado del bienestar de la educación, la sanidad, la cultura o el deporte deben reorganizarse. El nivel actual no se puede pagar ni, como dicen algunos, eliminando el Senado, coches oficiales o disminuyendo el presupuesto del ministerio de defensa. El bienestar que pretendemos es insaciable. Y cuanto más tardemos en darnos cuenta que el momento actual no es sostenible, antes podremos reorganizar la sociedad del s.XXI y REINVENTAR un nuevo Estado del Bienestar. Seamos razonables y compartamos los servicios entre un mayor número de ciudadanos. No continuemos con el discurso del crecimiento a través del endeudamiento con la banca porque lleva al caos. Si el ciudadano no quiere pagar más impuestos, la ley de la dependencia o el sistema universitario de Boloña (por poner sólo un par de ejemplos) NO SON SOSTENIBLES.

Otras demandas de los indignados, también legítimas, pero que merman las posibilidades de éxito del cambio social son:

  • “…quiero una vivienda, quiero un trabajo, quiero…”. Aunque formen parte de los Derechos Humanos, se han de conquistar a través del tiempo y el esfuerzo personal.
  • aquellas que se libran entre sindicatos, comités de empresa, trabajadores y empresarios. Deben mantener sus propios cauces de diálogo.
  • las que responden a movimientos pseudoanarquistas que promueven la libertad individual sin estructuras de poderes públicos. Dos siglos de fracasos son suficientes.

En definitiva, invocar las palabras salud, bienestar, educación, lectura, cultura, tren de alta velocidad, universidad pública, guardería, nuevas tecnologías, biblioteca… no deberían plantearse como “derechos” sino como “objetivos”, ante los que deben responder los ciudadanos y sus representantes políticos. No perdamos el tiempo en la calle o en las redes tratando de buscar la solución a esta ecuación porque no la tiene.

Hay mucho que cambiar, empezando por uno mismo. En un próximo post -Organizar la indignación (y III)- trataré de dar mi opinión sobre algunas indignaciones que quizás debieran priorizarse por la urgencia del cambio.