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diciembre 9th, 2012

Adoctrinar

Adoctrinar significa “aleccionar a alguien sobre la manera de actuar o comportarse, inculcándole determinadas ideas o creencias“. Todo el mundo adoctrina. El padre y la madre a sus hijos; la mujer al marido; el marido a la mujer; los abuelos a los nietos; el maestro a sus alumnos; el cura a sus fieles; los gobernantes a los ciudadanos…

Pero sabemos que adoctrinar no es bueno, ni necesario. Porque limita la libertad individual del adoctrinado. Pero todo el mundo adoctrina…en diferentes niveles.

  • Aunque la gran obra de Vicente Ferrer en la India tiene algo de adoctrinamiento, no se puede comparar con la misión evangelizadora de la Iglesia Católica de los últimos 17 siglos donde el adoctrinamiento ha sido una excusa para destruir la libertad individual.
  • Aunque las políticas de inmersión lingüística en Cataluña tienen un fondo de adoctrinamiento, no se pueden comparar con las ejercidas desde el estado español a los pueblos hispanos en los últimos 500 años. Recientemente, un ministro de educación español reconocía que su intención legislativa era “españolizar a los niños catalanes“. Su franqueza y sinceridad le honran. Una actitud muy habitual entre gobernantes de pueblos vencedores. Y el pueblo vencido, el catalán, tras 300 años de opresión, siempre que consigue unos centímetros de libertad (p.ej. 1980-2012) se adoctrina a si mismo a través de las pocas herramientas que mantiene (la escuela, el teatro, la música…).
  • Algunos medios de comunicación son hoy una gran herramienta de adoctrinamiento, promoviendo ciudadanos de pensamiento único. Distorsionan la realidad presentando lo que está bien y lo que está mal. Unos por la izquierda, otros por la derecha, unos contra unas ideas, otros contra otras ideas.

Así pues, si todas las personas y organizaciones adoctrinan (en mayor o menor medida) y reconocemos su peligrosidad, ¿dónde están los límites?. Porque la historia ha dado suficientes muestras de locura colectiva. No tiene ningún sentido seguir criticando el adoctrinamiento del contrario y no verlo en el tuyo. Cuando hablas con un castellano sólo ve adoctrinamiento en Cataluña. Cuando hablas con un religioso sólo ve adoctrinamiento en la política. Cuando hablas con un político sólo lo ve en la religión. Y los Periodistas y los Relaciones Públicas nunca se reconocen a si mismos como generadores de adoctrinamiento.

Pues sí que hay límites. Si el adoctrinador tiene buena fe (ha contrastado los datos bajo la luz de la sociología, la antropología, la historiografía, y no persigue el engaño) puede actuar siempre y cuando reconozca la libertad del adoctrinado. En nuestros días, están definidos los límites en el adoctrinamiento de los padres a los hijos, entre los miembros de la pareja, incluso del cura con los feligreses. Estamos ya muy cerca de marcar definitivamente los límites del adoctrinamiento del mal gobernante y del mal periodista.

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